El asesinato del padre Jacques Hamel en su iglesia de St. Etienne-du-Rouvray generó incomodidad respecto a cómo se debía calificar su muerte. Hamel fue asesinado mientras decía misa por yihadistas que gritaron Allahu Ackbar a la hora de degollarlo. Naturalmente surgió el clamor por declarar a Hamel un mártir de la fe. Habrá habido, también, quienes recibieran a los terroristas como mártires del islam, ya que murieron cumpliendo las consignas de una guerra religiosa. 

Nuestros muertos representan muchas cosas. Como reconocemos que les debemos mucho, apelamos a su recuerdo. Además, una sola persona puede representar varias causas: Jacques Hamel era un anciano de 86 años que dejó su vida en el sacerdocio, su recuerdo bien puede servir para defender su credo. Sólo que Hamel ofició en una parroquia caracterizada por una buena convivencia entre católicos y musulmanes, por lo que su muerte ha servido también para reafirmar la importancia de la convivencia. O sea que un mismo muerto puede ser mártir de causas encontradas.

02-martirio

Ilustración: Patricio Betteo

Eso es más o menos normal, pero hay en esta historia un asunto que complica la idea misma del martirio: la naturaleza de los muertos caídos en guerras asimétricas. Hasta hace poco las guerras tenían la simetría como precepto —eran guerras entre Estados y ejércitos. Las guerras asimétricas dependen del terrorismo como arma cotidiana, y el terrorista mata a personas que no son soldados ni militantes de una causa. En ellas se mata a personas que son, según el terrorista, representativas del enemigo, pero cuya opinión respecto de aquello que supuestamente representan es en realidad irrelevante.

¿Son mártires los muertos de estas guerras asimétricas?

El papa Francisco ha negado la calidad de mártir del padre Hamel. Franciso quiere que los yihadistas sean vistos como criminales comunes, totalmente ajenos a “la religión”. Incluso ha extendido su jurisdicción para lanzarse a definir quién es, y quién no es un verdadero musulmán. Francisco insiste en que el Estado Islámico nada tiene que ver con el islam, y compara el asesinato del padre Hamel con los innumerables crímenes cotidianos que se hacen entre los propios católicos.

El Papa busca evitar un enfrentamiento entre religiones. Como tantos progresistas europeos, insiste en que los terroristas no son verdaderos musulmanes, y que su razón de ser es la pobreza, y no la religión. Pero a pesar de lo loable de su intención, no convence la comparación entre el yihadista suicida y el criminal callejero, o entre el asesinato del padre Hamel y el de una muerta por violencia doméstica. No convence por la inestabilidad de la idea misma del martirio frente a las nuevas formas de la guerra.

El concepto de mártir provene del griego, y originalmente significaba testigo. Desde tiempos de los apóstoles la voz denotó un testigo que estuviera dispuesto a dar su vida por su fe. El “martirio” era, entonces, una forma de testimonio en que el mártir sostenía públicamente la fe contra sus poderosos contrarios. El drama del mártirio tiene la forma de un juicio, en que Luzbel y Jesús se disputan el alma del mártir.

La víctima de un bombazo o de un asesinato difícilmente puede ser un mártir, porque una muerte así no se presta a la forma dramática de un juicio, ya que la muerte llega independientemente de una proclamación pública de la fe. En ese aspecto la postura del Papa es indiscutiblemente correcta, y no habría diferencia entre la víctima de un atentado terrorista y la víctima de un chofer alcoholizado. Sin embargo, está el problema del muerto como testigo, y de la muerte como un hecho que ofrece testimonio.

Si un terrorista mata a alguien por ser cristiano, o por ser francés, por ejemplo, su recuerdo tiene la capacidad de servir de testimonio del valor trascendente de lo cristiano o de lo francés. El Papa puede tener razón al afirmar que una víctima como el padre Hamel, asesinada sin que se le diera oportunidad de negar su fe a cambio de su vida, no es un “verdadero” mártir pero, ya muerto, el padre Hamel es testimonio del valor de una práctica religiosa frente a sus enemigos señalados.

Las guerras asimétricas de hoy producen víctimas a quienes se les niega toda oportunidad o semblanza de morir por alguna convicción. Un acto terrorista no le ofrece a la víctima el equivalente de un juicio en que pueda sopesar el valor de sus convicciones frente a la amenaza de la muerte o la tortura. Sin embargo, una vez asesinada la víctima, sus restos y su memoria bien tienen la capacidad de servir como testimonio. Y, finalmente, el testimonio, el martirio, es el discurso sagrado propio del mártir. Las guerras asimétricas de hoy generan mártires póstumos.

El gesto del Papa es noble. Quiere desactivar la capacidad de interpelación de la guerra asimétrica del Estado Islámico. Pero al limitar su análisis del martirio al albedrío en el acto mismo de la muerte el Papa está tapando el sol con un dedo. El padre Hamel será recibido como mártir en el momento en que su memoria le sirva a alguien para trazar líneas duras entre cristianos y musulmanes.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Su libro más reciente es El regreso del camarada Ricardo Flores Magón.

 

3 comentarios en “El problema del martirio, hoy

  1. GRacias a las declaraciones dle Francisco, cualquiera que pretenda instrumentalizar el asesinato del sacerdote lo hará de manera ilegítima. Usted insinúa que alguien lo declarará martir ¿quien? ¿quine trazará esas líneas duras?

    No es sólo en esta ocasión,desde hace años se ha hablado insistenmtemente del caracter no religioso del Estado islamico, por más que instrumentalicen al islam.

  2. https://www.aciprensa.com/noticias/siria-sacerdote-narra-el-drama-de-vivir-en-medio-de-los-bombardeos-53653/
    Recordó que durante sus primeros años en Siria, “había una convivencia pacífica entre las diferentes etnias y religiones, cristianos, judíos y musulmanes. Si bien Al-Assad nunca fue un presidente democrático, era alguien con quien Occidente podía dialogar. Pero lo que estamos viendo es que en las áreas que caen ahora bajo control de los islamistas se aplica un régimen de terror y de persecución, especialmente contra los cristianos.”

    Por otro lado, el sacerdote dijo que para que el conflicto se solucione “lo primero es que los países que están vendiendo armas y financiando a los rebeldes islamistas dejen de hacerlo. Ésta es una guerra creada y fomentada desde el exterior. Hay que permitir que Siria encuentre su propio camino hacia la democracia”.

    Añadió que “no hay que engañarse: ninguno de los grupos que enfrentan al ejército nacional quiere la democracia. Si Occidente sigue apoyándolos se va a encontrar luego con un problema mucho más difícil de resolver”.

    “Nunca imaginamos que esto podría pasar en nuestra ciudad. Raqqa era una ciudad normal en Siria, como todas las demás ciudades. Nosotros como cristianos éramos respetados por el resto de la población. No era una población islámica radical. En mi opinión lo que ISIS está haciendo no es el real islam. He vivido con musulmanes toda mi vida, nos respetábamos mutuamente, vivíamos pacíficamente juntos”, afirmó. https://www.aciprensa.com/noticias/siria-joven-cristiano-cuenta-lo-que-es-vivir-bajo-la-crueldad-del-estado-islamico-63115/