Para Platón son cuatro las virtudes cardinales: prudencia, fortaleza, moderación (o templanza) y justicia. James Rachels y Stuart Rachels (The Elements of Moral Philosophy, McGraw Hill, Sixth Edition, 2010) consideran que las virtudes son múltiples: benevolencia, civilidad, compasión, cooperación, esmero, coraje, cortesía, confianza, equidad, amistad, generosidad, honestidad, laboriosidad, justicia, lealtad, moderación, paciencia, prudencia, razonabilidad, autodisciplina, autosuficiencia, tacto, consideración y, aunque anotan que el listado no es definitivo, agregan tolerancia. Finalmente, Tom L. Beauchamp y James F. Childrees (Principles of Biomediacal Ethics, Sixth Ediiton, Oxford University Press, 2009) aducen que, además del cuidado (treat care), son cinco las virtudes focales que los profesionales de la salud deben ejercer: compasión, discernimiento, integridad, fiabilidad y esmero. De las virtudes también hablaron Aristóteles, Plotino, Diógenes Laercio, san Agustín, santo Tomás, Kant, y, entre otros, Nietzsche. El listado previo, y la diversidad de las virtudes, son testimonio de la trascendencia y de la falta de acuerdo sobre el tema. Todos los autores mencionados fueron, y son, pensadores distinguidos.

34-virtudes

Ilustración: Kathia Recio

Definir virtud es tarea complicada. El Diccionario de la Real Academia Española da cuenta de ello al ofrecer ocho definiciones. Ninguna —perdón, no quiero parecer arrogante— convence. Me quedo con la número tres, “Fuerza, vigor o valor”, y la cinco, “Integridad de ánimo y bondad de vida” —debido a mi comentario invito al lector a revisar las restantes—. El concepto de Beauchamp y Childress es adecuado: Una virtud es un rasgo de carácter que se valora socialmente, y una virtud moral es un rasgo de carácter que se valora moralmente. Beauchamp y Childress hablan de moral en la definición porque consideran que las virtudes se asocian a conceptos morales y no necesariamente a la esfera ética.

Dado que ética y moral suelen usarse indistintamente, ofrezco una breve explicación sobre ambos términos. Ética proviene del griego ethos, “manera de hacer las cosas, costumbre, hábitat”; moral encuentra sus raíces en el latín, moralis, y ésta de mos, “manera de vivir, referente a las costumbres”. La moral no es una disciplina académica y se refiere a costumbres individuales o sociales; su meta consiste en influir y de ser posible regular las actitudes de la persona y la comunidad. La ética es la rama de la filosofía que estudia, valora y cuestiona los preceptos morales; para lograrlo se basa en tratados académicos. La ética basa sus afirmaciones en tratados ad hoc, mientras que la moral se transmite de “boca a boca”, de padres a hijos y de credos religiosos a feligreses. Las virtudes contienen principios éticos y morales.

Los vínculos entre ética, moral y virtudes son múltiples. Los libros de ética siempre, o casi siempre, incluyen capítulos sobre el tema. Para Aristóteles, la virtud es la matriz de la ética; para él, la virtud es un rasgo del carácter que se manifiesta en acciones habituales. Aunque los vicios pueden ser también conductas habituales, es decir, la forma como actúan cotidianamente las personas, la idea de Aristóteles se refiere a comportamientos correctos, éticos, morales y no a vicios. Rachels, al igual que Beauchamp y Childress, usufructúan en su definición el concepto del autor de la Ética a Nicómaco la cual me permito modificar para hacerla más comprensible, “una virtud moral es un rasgo de carácter que se manifiesta en acciones habituales —i.e., las conductas cotidianas de las personas”.

Aspirar a la felicidad y bregar por la justicia son las dos grandes metas de la ética. Al igual que la empatía, las virtudes suelen aprenderse, o no, durante la infancia, en casa, en la escuela. Quienes viven bajo el cobijo de padres cuyas conductas promueven virtudes suelen ser personas interesadas y comprometidas con los “otros”, con los desposeídos. En nuestros (malos) tiempos sobran ejemplos: refugiados, desplazados, sin techo, migrantes, niños y niñas explotados sexualmente. Las sociedades donde las virtudes son escuela suelen ser más justas y equitativas; en ellas es más fácil aspirar a la felicidad y pensar en las necesidades de los “otros”.

En nuestros (malos) tiempos urge dotar a las sociedades del mayor número de virtudes. El reto, como en todos los rubros de la ética, radica en cómo hacerlo. El desafío, siguiendo a Jesús María Ayuso Díez, es asomarse, imposible responder, a sus preguntas, “¿Por qué existe el Mal?, ¿cómo hacer para que lo que es estalle en Bien? Diseminar virtudes en la infancia, sobre todo en los hogares con derecho a la Voz, podría atemperar, al menos un poco, el Mal.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

4 comentarios en “Virtudes y ética. Unas notas

  1. Dr lo felicito sus artículos son un punto de entrada a la reflexión necesarias para la práctica profesional vista de un lado humano. Las virtudes son algo qye en la vida cotidiana, el miedo , el egoísmo y la maldad firman parte del crecimiento cotidiano de nuestros jóvenes..oarte del sistema que lo impone. Debemos de ampliar las bondades y buenaventura de los mexicanos..dificil…pero ahora que regreso a mus clases con lis médicos de la uam..sera su articulo uno de los primeros análisis..y bueno mis hijos y más. Gracias

    • Lenin:
      Como siempre, gracias por tu interés y lectura. La pregunta crucial es, ¿por qué no se diseminan las virtudes y si el Mal? Kant decía que el Mal está determinado ontogenicamente. Kant tiene razón.
      Saludos,
      Arnoldo

      • Dr. Arnoldo Kraus, hacen falta cursos de ética en los espacios de convivencia primaria, estos son, los hogares, los ámbitos escolares (de todos los niveles) y el área laboral. Lamentablemente, vivimos en una época en la que la virtud es vista como broma o como algo religioso o burla, y aplastar a los demás se vuelve una costumbre. Sensibilizar el dolor es algo urgente. Con admiración, Janet

        • Gracias mil Janet:
          Lo que deberíamos saber, y no sabemos, es porque los librepensadores perdemos antes las embestidas de quienes desprecian la ética. Cada vez son menos los cursos de civismo, ética, filosófia, sociología, etcétera. Desde las escuelas primarias hasta la Universidad esas materias, “las humanistas”, pierden terreno. Nuestros desgobiernos son una muestra de lo previo. El compromiso es personal: en casa, en la escuela, con los vecinos, frente a las autoridades: ¿respetas a alguna autoridad en el gobierno mexicano?, ¿tienen virtudes?
          Gracias Janet,
          Arnoldo