Seis son los principios de la bioética; los mismos se aplican a la ética médica. Los cito de nuevo: 1. Autonomía. 2. Veracidad. 3. No hacer daño (también llamado no maleficencia). 4. Hacer el bien (beneficencia). 5. Confidencialidad. 6. Justicia. Algunos consideran que la autonomía es el más importante, otros encumbran la no maleficencia; la interdependencia entre ellos es absoluta: para mí, todos tienen el mismo peso.

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Ilustración: Kathia Recio

Tres observaciones para explicar la afirmación previa. Permitir que el enfermo ejerza su autonomía —optar por la eutanasia— es fundamental. Cada ser humano tiene derecho a definir sus valores y prioridades. Distribuir adecuadamente los recursos médicos —justicia— es crítico para el enfermo y la comunidad. Sin justicia, imposible acceder a salud y a educación. No divulgar los comentarios del paciente —confidencialidad— es primordial: el secreto médico protege al enfermo y evita estigmatizaciones o conductas inapropiadas de patrones o compañías de seguros médicos. Los principios se entremezclan y en el día a día todos son esenciales. Si uno de ellos es vulnerado, es difícil aplicar los restantes. Si se viola la justicia, se trastoca la autonomía, si no prevalece la verdad, la beneficencia se acota… Dedico este artículo al principio de no maleficencia.

No dañar es requisito médico obligatorio. Primum non nocere, “Primero no hacer daño”, es una máxima médica erróneamente atribuida a Hipócrates: la cita no aparece en el Corpus hipocrático; de acuerdo a los historiadores de la medicina esa expresión se empezó a utilizar en las escuelas de medicina a partir de 1860. “Primero no hacer daño” es un principio fundamental tanto en la vida como en la medicina. No hay quien cuestione su vigencia. Reafirmarlo y discutirlo con los enfermos, sobre todo cuando los doctores prescriben medicamentos o efectúan maniobras médicas que pueden dañar, es crucial.

No producir daño antecede al principio de beneficencia. Sin embargo, son muchas las situaciones donde una acción médica puede perjudicar. Al hablar de no maleficencia no se incluyen situaciones que lesionan como negligencia, impericia o falta de conocimiento. La no maleficencia es parte del ejercicio médico: algunos actos llevados a cabo con pulcritud pueden devenir daño. Dos ejemplos. Primero: en el caso de siameses, salvar a uno por medio de diversas maniobras quirúrgicas puede conducir al sacrificio de uno de los hermanos. Segundo: ¿qué hacer cuando a una mujer con un embarazo de cinco meses se le diagnostica leucemia aguda y el oncólogo sugiere iniciar tratamiento de inmediato dada la agresividad de la enfermedad? ¿Qué hacer si tanto el obstetra como el pediatra aseguran que el producto aún no es viable? Para quienes cuidan al bebé, extraerlo del útero conlleva grandes riesgos. Para el oncólogo iniciar tratamiento de inmediato es necesario.

En ambos ejemplos beneficiar a uno —el hermano siamés o la madre— deviene el fallecimiento del hermano o la posible muerte del bebé, o en caso de que sobreviva la necesidad de ser trasladado a la unidad de terapia intensiva, donde podría o no sobrevivir; en esta situación es forzoso pensar en el sufrimiento del bebé, de la familia, en los costos y en conceptos como futilidad. ¿Qué hacer?

Líneas atrás subrayé una idea central de la ética médica: la no maleficencia antecede al principio de beneficencia. Sin embargo, como consta en los ejemplos previos, aunque las intenciones y acciones sean cuidadosas, el ejercicio médico pulcro, exento de negligencia o errores previsibles, puede provocar daños.

Tom L. Beauchamp y James F. Childress, investigadores indispensables y pioneros en bioética (véase, Principles of Biomedical Ethics, Sixth Edition, Oxford University Press, 2009), en el capítulo “Nonmaleficence” resaltan cinco puntos:

1. No matar.

2. No producir dolor o sufrimiento.

3. No producir incapacidad.

4. No ofender.

5. No privar a otros de los beneficios de la vida.

En el papel las observaciones de Beauchamp y Childress son adecuadas. En la realidad no. Nuevamente dos ejemplos. A pesar de cuidados rigurosos apegados a estrictas normas éticas, en la investigación clínica se puede dañar. Lo mismo sucede en la práctica clínica: muchos fármacos producen, al unísono, beneficios y perjuicios. Atemperar o evitar daños es posible. Pensar y repensar los puntos señalados por Beauchamp y Childress debe considerarse antes de actuar.

A los médicos se les enseña “a hacer”. Son pocos los que atesoran, en beneficio del enfermo, la virtud de “no hacer”. No hacer suma conocimiento y certeza. La máxima inglesa, wait and see, espera y observa, es sabia. La no maleficencia debe nutrirse de dos ideas: Primero no dañar, y esperar y observar.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

4 comentarios en “Ética médica: No dañar

  1. Dr lo vuelvo a felicitar el artículo en cuestión es un gran ejemplo fe la bioética.. Lo voy a comentar con mis alumnos dr la universidad del área de postgrado…ojala todo esto que comenta llegara a las instancias publicas y privadas. El abuso del poder médico es tremendo. El poder ademas se va a lo económico hasta, hasta la negligencia y iatrogenias que comete el gremio médico..sin duda algo que se acrecienta…con mucho a la par de esta descompuesta sociedad mexicana..bueno un saludo…y de mi parte será un material con ka bibliografía para mi seminario..

  2. Gracias Lenin:
    Pues, ¡caray!, si sirve para generar comentarios con los alumnos, me daría mucho gusto. Y, por supuesto, concuerdo con tus observaciones.
    Saludos,
    Arnoldo

  3. ¿etica? creo era una materia que nos daban en preparatoria, creo que ya la quitaron por disfuncional, por ser letra muerta, por ser una burla a los mexicanos

  4. En efecto Esteban, las humanidades, pronto desaparecerán de los programs de enseñanza de las escuelas, incluyendo primarias. Las tecnologías han empezado a suplirlas. ¡Es una pena!
    Saludos,
    Arnoldo