El 10 de mayo, antes de ir a celebrar el Día de las Madres, leí en la prensa que en Bangladesh las autoridades ejecutaron a un viejo predicador islamista llamado Motiur Rahman Nizami, líder del partido Jamat-e-Islami. Hay noticias que son brisas de huracanes tan remotos que apenas perturban las hojas de nuestras conciencias. ¿Quién fue Nizami? ¿Por qué lo colgaron? ¿Qué sucede en Bangladesh?

01-bangladesh

Ilustración: Patricio Betteo

Soy de la generación que todavía recuerda el “Concierto para Bangladesh” de 1971, organizado por George Harrison, Ravi Shankar y un rosario de rockeros famosísimos. En ese entonces la palabra “Bangladesh” refería a una unidad política nueva, porque ese territorio había sido hasta ese año parte de Paquistán.

El concierto estaba dedicado a recabar fondos para las víctimas de la hambruna y de la violencia de su guerra de independencia, que estaba en curso. Bangladesh era un lugar ignoto que necesitaba ser explicado: la canción tema del concierto informaba que Bangladesh tenía muchísima gente, y que se estaban muriendo. Y ya. Así, Bangladesh nació acompañado de imágenes de hambrunas y violencia parecidas a las que habían circulado 10 años antes por la guerra de Biafra. Fuera de la crisis humanitaria, era visto como un lugarcillo pequeño y sin importancia. Y en verdad Bangladesh tiene una superficie menor a la del estado de Coahuila; pero es también el octavo país más poblado del mundo (160 millones de habitantes).

El territorio que hoy comprende Bangladesh fue orginalmente la porción oriental de la región de Bengal. Como tenía una mayoría musulmana, la provincia fue incorporada a la República de Paquistán cuando se hizo la partición de India en 1947, mientras que la parte occidental de Bengal, con mayoría hinduista, permaneció en la India, con Calcuta como regional. La partición de India y Paquistán produjo alrededor de 800 mil muertos. Además de los muertos, en el lado oriental de Paquistán la violencia nacional-religiosa llevó a cientos de miles de hinduistas a refugiarse en Calcuta, como efecto de una primera ola de “purificación” religiosa en lo que entonces se llamó Paquistán Oriental.

Con todo, la ilusión de ser una república musulmana no bastó para unificar las partes occidentales y orientales de Paquistán. El bengalí es hoy la séptima lengua más hablada del mundo, sin embargo la República de Paquistán escogió como lengua oficial al urdú, una de las lenguas del Punyab, en occidente. La discriminación étnica y lingüística en la nueva República de Paquistán llevó a que, aunque la provincia de Bengal Oriental fuese la más poblada del país, sólo 10% del ejército y 15% de la burocracia fuese bengalí. Es decir, que en la República de Paquistán los bengalíes fueron una mayoría minorizada.

Hubo también procesos sociales contrastantes en los dos extremos de Paquistán: la provincia de Bengal realizó una reforma agraria en 1950, mientras que en Paquistán Occidental el reformismo fracasó; así, los representantes políticos de la parte occidental tendían a ser de la oligarquía, a diferencia de los bengalíes. Había, además, más cosmopolitismo del lado oriental, y mejores relaciones con la India.

El resultado de este coctel fue una tensión creciente entre autonomistas bengalíes y autoritarismo de parte del gobierno de Paquistán Occidental, que desembocó en una guerra de independencia en 1971, plena de atrocidades perpetuadas por el ejército paquistaní y por sus aliados locales. En Bangladesh se dice que los muertos llegaron a tres millones, y aunque el número exacto es todavía debatido de ninguna manera fue menor de 300 mil. Las masacres llegaron a tener visos etnocidas, al menos a nivel de gesto político: la violación sistemática de mujeres bengalíes por parte del ejército dio origen al concepto de “violación etnocida”. Se calcula que el ejército violó entre 200 mil y 400 mil mujeres en 1971.

Aunque la independencia se logró, Bangladesh no ha sido fácil de gobernar: hay minorías étnicas que buscan autonomía, rivalidades entre dinastías políticas, dificultades para adjudicar responsabilidades por las atrocidades de la guerra de independencia, tensiones entre islamistas y secularistas, y tensiones en el sistema de alianzas internacionales entre India, China, Rusia y Paquistán. Todo ello mezclado a un proceso de liberalización de la economía que ha convertido a Bangladesh en el segundo centro textilero del mundo, así como a inundaciones y huracanes desastrosos debidos al cambio climático.

Hoy gobierna un partido llamado la Liga Awami, secularista, que enfrenta una ola de atentados violentos de grupos islamistas contra académicos y bloggers laicistas, activistas del movimiento de defensa de derechos gays, y ataques más difusos contra minorías religiosas. La primer ministra, Sheikh Hasina, reacciona encarcelando y haciendo juicios sumarios a sospechosos, algunos de los cuales son opositores incómodos, como el líder islamista que fue colgado el 9 de mayo. Se acusa a Sheikh Hasina de estar incrementando el autoritarismo del régimen, como sucedió en Egipto con el general Al-Sisi, a la caída de Morsi.

Bangladesh pareciera estar ante una disyuntiva entre autoritarismo secularista y la violencia islamista. Se trata de una disyuntiva que toca cada vez a más países.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Su libro más reciente es El regreso del camarada Ricardo Flores Magón.