En octubre de 2014, la recién nombrada Ministra de Relaciones Exteriores de Suecia, Margot Wallström, sorprendió al mundo e incluso a sus propios compatriotas cuando definió su política exterior como feminista. Wallström ha sido una de las pocas mujeres representantes en la Comisión Europea y la primera nombrada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como Representante Especial para la Violencia Sexual en Conflictos.

feminismo

La Ministra Wallström ha explicado que ese cargo en la ONU la marcó ya que pudo observar que con mucha frecuencia se pasan por alto o se ignoran los crímenes contra las mujeres en situaciones de conflicto y que la ayuda extranjera habitualmente no tiene en cuenta las necesidades de las mujeres y las niñas. Incluso que en las negociaciones de paz pocas veces se permite participar a las mujeres y que las delegaciones de la ONU para resolver conflictos están generalmente compuestas sólo por hombres.

La realidad es que una década después de que la ONU adoptara la Resolución 13251 del Consejo de Seguridad –un hito para la participación de las mujeres en asuntos de paz y seguridad internacionales pues señaló la necesidad de incluirlas en los acuerdos de paz–, el 97% de los integrantes de las fuerzas de paz militares siguen siendo hombres, y menos de uno de cada diez participantes en las negociaciones de paz son mujeres.2

Desde su llegada a la Cancillería sueca, Wallström se enfocó en formular una política exterior colocando la igualdad de género como centro, argumentando que se trata de una cuestión no sólo de derechos humanos, sino también de democracia y justicia; es decir, la igualdad de género es parte de la solución a los problemas de la comunidad internacional y en cualquier sociedad moderna debe ser un medio para asegurar la justicia y el desarrollo económico de los países.

Suecia tiene el primer gobierno oficialmente feminista en el mundo, lo que implica que la igualdad de género es una prioridad para todas las políticas del gobierno, tanto en la toma de decisiones como en la asignación de recursos. El gobierno feminista sueco busca asegurar que la perspectiva de género impregne toda formulación de políticas, tanto nacionales como en el ámbito internacional.3

Los cuatro principales puestos estratégicos para manejar la agenda exterior sueca son ocupados por mujeres. Encabezadas por la ministra Wallström, la lista incluye a Isabella Lövin, ministra de Desarrollo y Cooperación Internacional; Annika Söder, secretaria de Estado para el Ministerio de Relaciones Exteriores y Ulrika Modéer, secretaria de Estado para el Ministerio de Desarrollo y Cooperación Internacional.

Esta inédita forma de plantear la política exterior se sustenta en tres ejes, que el gobierno sueco ha denominado “la caja de herramientas de las tres erres”: Respeto por los derechos, Representación y Recursos.

Respeto por los derechos humanos porque, según el diagnóstico del gobierno sueco, la agenda central de derechos humanos ha excluido los derechos de las mujeres, tratándolos como un tema aparte y no como un asunto integral de derechos humanos.

Representación como una condición necesaria para alcanzar la equidad de género, ya que únicamente mediante la participación activa de las mujeres en los distintos niveles de la toma de decisiones se puede cambiar la realidad para garantizar la igualdad.

Recursos se refiere a la necesidad de destinar e incrementar los recursos hacia políticas que persigan la igualdad de género. Esto requiere un compromiso político, presupuestos especiales y flexibilidad para asignar mayores montos de dinero a estos objetivos.

 

Como era de esperarse, la política exterior feminista sueca ha tenido diversas críticas. A los tradicionalistas de la política exterior, la perspectiva feminista les ha resultado idealista, ingenua y, potencialmente peligrosa desde una perspectiva realista de las relaciones internacionales.

Por ejemplo, desde que está al frente de la  Cancillería sueca, por defender sus principios de política exterior, Wallström ya enfrentó impasses diplomáticos con países como Arabia Saudita e Israel, que no los comparten. Grupos de interés económico suecos han criticado que la política exterior de su país atiende esos principios pero deje de lado los intereses que pueden ser afectados.

En el libro de 2012 “Sex and World Peace” un equipo de cuatro investigadores (Valerie M. Hudson, Bonnie Ballif-Spanvill, Mary Caprioli, and Chad F. Emmett) presentaron datos que indican que mientras más violento es un estado y sus ciudadanos con las mujeres, más violento es ese estado en general, tanto internamente como en sus relaciones exteriores. De hecho, los investigadores explican que “el mejor predictor del pacifismo de un estado no es su nivel de riqueza, o su nivel de democracia, o su identidad étnica-religiosa; el mejor predictor del pacifismo de un país es cómo trata a sus mujeres.”.4

Pocas veces se ha considerado que los derechos de las mujeres tienen un impacto directo en los asuntos de política exterior; pero la investigación en “Sex and World Peace” muestra que la búsqueda de la igualdad de género debe estar presente en la agenda de cualquier gobierno que se preocupe por la seguridad global. Una política exterior con perspectiva de género es, en realidad, una estrategia pragmática.

¿Y México?

Al inaugurar la 27ª reunión anual de Embajadores y Cónsules el 6 de enero de 2016, la canciller, Claudia Ruiz Massieu, afirmó que “ningún país puede prescindir del talento y la energía de la mitad de su población; ningún país que se proponga superar sus retos puede marginar de la toma de decisiones, de las oportunidades, a más del 50 por ciento de sus habitantes”.5

En su mensaje también aseguró que una de las prioridades del 2016 será consolidar la agenda de género que desde hace tres años inició la presente administración cuando se institucionalizó la política transversal de género en el Plan Nacional de Desarrollo, que ha permitido que en la actualidad se tengan más recursos para favorecer el acceso de las mujeres al financiamiento, la justicia, la educación y la salud.

México ha tenido un papel activo a nivel internacional impulsando la agenda de género en el ámbito internacional, en los foros multilaterales, desde hace 40 años cuando la Ciudad de México albergó la Primera Conferencia Internacional de la Mujer de las Naciones Unidas, en 1975. Además, México sigue siendo un activo promotor de la agenda sobre “Mujer, Paz y Seguridad” en la ONU.

No obstante, México está lejos de tener un gobierno feminista como el de Suecia y podría tomar como ejemplo “la caja de herramientas de las tres erres” de la política exterior sueca para consolidar un andamiaje institucional y de políticas públicas que busque la inclusión y reconozca el papel de la mujer como agente de cambio y desarrollo.

Encabezando la política exterior mexicana tenemos a la tercera canciller mujer,6 un hecho que desafortunadamente sigue siendo excepcional entre los países del mundo. Baste mencionar como ejemplo que Brasil, otro país de referencia en la diplomacia latinoamericana, no ha tenido nunca una mujer al mando de su Ministerio de Relaciones Exteriores.

Una vez que ya se logró que las mujeres accedan a la posición más relevante dentro de la Cancillería, el reto es ahora que la política exterior mexicana efectivamente procure el empoderamiento de las mujeres, tanto en México como en la comunidad internacional.  

Del mismo modo, la perspectiva de género avanzó dentro del país especialmente con la reforma constitucional que garantiza el principio de paridad en candidaturas a legisladoras y la creación del Sistema Nacional para la Igualdad. Actualmente, el 42% de los diputados federales son mujeres, por lo que también se hace necesario evolucionar del tema de cuotas de género a políticas efectivas que busquen la igualdad.

La Secretaría de Relaciones Exteriores, por su parte, está implementando políticas para impulsar una cultura de mayor igualdad, con medidas como la creación de la Unidad de Política de Igualdad de Género en la Cancillería. Esta Unidad, junto con el INMUJERES, tiene el mandato de identificar mejores prácticas y medidas concretas para avanzar en la igualdad de las diplomáticas de carrera y del personal femenino de la Cancillería.

Una acción concreta fue que la Canciller Ruiz Massieu anunció en enero que cada vez que se someta a consideración del Presidente el nombramiento de embajadores, al menos el 50% serán mujeres ministras del Servicio Exterior Mexicano. Actualmente el 75% son hombres.

Estos son, sin duda, pasos alentadores pero aún queda mucho por hacer. Un estudio sobre la representación de la mujer en el Servicio Exterior Mexicano realizado por la diplomática mexicana Tania del Río muestra, mediante el análisis de datos, los obstáculos profesionales que enfrentan las diplomáticas mexicanas, desde el examen de ingreso, hasta los procesos de ascenso.7

El estudio explica que las mujeres en el Servicio Exterior Mexicano son promovidas en menor medida que sus pares masculinos, a pesar de que su desempeño en los exámenes es equivalente; principalmente porque no logran obtener los puntos adicionales que se otorgan por tener puestos de mayor responsabilidad o de vida difícil, a los que los hombres acceden más frecuentemente.

Para actuar en consecuencia con su discurso de pleno compromiso con la promoción de la igualdad de género, México podría tomar como ejemplo el programa de política exterior sueca para garantizar la inclusión del respeto de los derechos de las mujeres como parte de las políticas protección de los derechos humanos; asegurar que la perspectiva de género esté incluida en las discusiones estratégicas y toma de decisiones; incrementar la representación femenina en todos los niveles y ámbitos; y buscar incrementar recursos hacia objetivos de género.

Conclusiones

La Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, marcó un importante punto de inflexión para la agenda mundial de igualdad de género. Sin embargo, veinte años después, la igualdad de género sigue siendo una visión y no una realidad. Los compromisos establecidos en Beijing están lejos de cumplirse; un sinnúmero de mujeres y niñas siguen padeciendo una flagrante falta de respeto de sus derechos, representación y recursos.

En el mundo diplomático, donde las palabras se eligen con especial cuidado el término “feminismo” se suele evitar, debido a que puede llegar a ser malentendido y percibido como indicativo de una posición en contra de los hombres, lo cual es completamente erróneo.

El feminismo, en realidad, simplemente cuestiona y busca eliminar roles de género y códigos sociales que impiden la igualdad entre hombres y mujeres. Entendido así ¿cómo puede alguien no ser feminista?

Debemos dejar de pensar que reclamar la igualdad en la participación en política, en el acceso a la justicia y a puestos de mayor responsabilidad, en derechos sexuales y reproductivos, en paga equitativa, son ideas radicales.

Una política exterior feminista no es una idea radical; se trata simplemente de actuar para eliminar por completo las desigualdades existentes entre mujeres y hombres, lo que a su vez contribuirá a alcanzar la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible. Una política exterior feminista es, pues, parte de la solución a los desafíos que enfrenta la comunidad internacional.

La política exterior mexicana debe buscar, como lo hace la sueca, la plena participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida pública para alcanzar la paz y el desarrollo incluyentes, tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

 

Bárbara Magaña Martínez


1 http://bit.ly/1pW7eWp

2 http://bit.ly/1SDVGCN

3 http://bit.ly/1rqnEHX

4 http://atfp.co/23gY6ZH

5 http://bit.ly/26HHIG5

6 Embajadora Rosario Green Macías (5 de enero de 1998-30 de noviembre de 2000); Embajadora Patricia Espinosa Cantellano (1 de diciembre de 2006-30 de noviembre de 2012); Claudia Ruiz Massieu (27 de agosto de 2015-actualidad).

7 http://on.cfr.org/1SDWbwC

 

5 comentarios en “Feminismo y política exterior

  1. Bonita coleccion de buenos deseos. Pero el estado mexicano debiera predicar con el ejemplo y combatir la ola de feminicidios que azota el pais. Peña nieto no hizo nada para proteger a las mujeres en el estado de méxico. y como presidente permite continuas violaciones a los derechos humanos en todo el pais.

    quiza brasil no tenga una mujer canciller pero si tiene una mujer en la presidencia.

  2. En el caso de la Secretaría de Relaciones Exteriores, las acciones para garantizar la equidad de género no deben limitarse únicamente a las funcionarias que forman parte del Servicio Exterior Mexicano. Es de suma importancia que se analice también la condición de los cónyuges de los miembros del SEM -en su mayoría mujeres- que se enfrentan a una situación sumamente difícil: se ven obligadas a abandonar sus carreras profesionales; la mayor parte de las veces, se hayan imposibilitadas para trabajar en los lugares donde son adscritos sus cónyuges por falta de acuerdos bilaterales que se los permita; carecen de instrucción lingüística que les facilite su adaptación al país de acogida; se ven excluidas de la posibilidad de asegurarse una pensión a futuro, etc. En otros países, se han creado diversos mecanismos para paliar esas dificultades: algunos les otorgan un estipendio que compense la falta de ingreso que han dejado de percibir por causa de las limitaciones legales que les impiden trabajar; otros les dan prioridad para ser contratadas como empleadas locales en las representaciones diplomáticas u oficinas de otras dependencias públicas de su propio país, para que continúen percibiendo un ingreso y cotizando para el retiro; en la mayoría se les brindan recursos para cursar estudios del idioma del país a donde han sido asignados; en algunas cancillerías se otorga directamente al funcionario un monto extra de dinero en caso de ser casado y otra suma más por cada dependiente económico que tenga (además de las ayudas de renta o educación que pudieran tenerse), etc. En México, no contamos con ninguno de esos apoyos. Todos estos aspectos, entre otros muchos, colocan a los cónyuges de los miembros del SEM en una situación de extrema vulnerabilidad personal, financiera y profesional, así como en una dependencia absoluta de sus parejas. El elevado índice de divorcios existente entre los miembros del Servicio Exterior, está estrechamente relacionado con esa desigualdad y falta de derechos de las personas casadas con ellos. Las personas que nos encontramos en esa situación familiar enfrentamos una paradoja: no podemos acceder a nuestros derechos como mexicanos por encontrarnos fuera México, pero tampoco podemos gozar de los derechos y protección del país donde residimos porque nuestra condición jurídica y la inmunidad diplomática nos lo impiden. Ojalá la Unidad de Política de Igualdad de Género de la Cancillería, Inmujeres y el resto de dependencias gubernamentales, tengan la sensibilidad de estudiar éste asunto y tomen medidas que permitan garantizar plenamente los derechos fundamentales de todas las personas afectadas.

  3. Desgraciadamente en mexico tenemos mucho camino por recorrer en el tema de igualdad de genero; y un punto importante es que desde el seno familiar fomentemos la igualdad de genero.