Julio1 tiene 20 años y vive con su madre y dos hermanos menores en un barrio marginado en la periferia de Tegucigalpa, Honduras. Dejó la educación media hace dos años para trabajar como ayudante en una papelería. Cuando le ofrecieron el trabajo pensó que el dinero le vendría bien para ayudar con los gastos de su casa. Pensó también que, en cuanto las condiciones económicas del hogar estuvieran mejor, podría retomar los estudios. Hace más de un año que la papelería cerró y Julio perdió el empleo; hace más de un año que Julio no estudia ni trabaja.

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Ilustración: Víctor Solís

Berenice tiene 19 años y vive en un barrio popular en la próspera ciudad de Monterrey, al norte de México. Su padre, un chofer de tractocamión, viaja mucho y visita poco a la familia. La madre de Berenice, cocinera en una fonda del barrio, se encarga de los gastos del hogar cuando las transferencias del padre no llegan —lo cual ocurre muy seguido—. Berenice y su hermana fueron prácticamente criadas por su abuela materna que ahora ayuda también en el cuidado de sus bisnietos, de dos años y seis meses, hijos de Berenice. Berenice abandonó el sistema educativo tras enterarse que estaba embarazada, cuando aún no había alcanzado la mayoría de edad. Ahora ella está al cuidado de sus hijos y busca un empleo pero es difícil conseguir uno sin un certificado de bachillerato, lleva un año sin estudiar ni trabajar.

Las trayectorias de Julio y Berenice, caracterizadas por una interrupción prematura del proceso de acumulación de habilidades que dificulta su incorporación al mercado laboral, no son la excepción en América Latina. Uno de cada cinco jóvenes en la región está fuera del sistema educativo y no tienen un empleo remunerado. Son 20 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan (ninis), la cifra más alta de la que se tenga registro. El número de jóvenes que no estudia ni trabaja aumentó en casi dos millones desde 1992, a pesar de que durante el mismo periodo la región gozó de altas tasas de crecimiento económico y una reducción en la desigualdad del ingreso y la pobreza (ver gráfica 1).

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Tener un alto número de jóvenes que no estudia y no trabaja no es un problema exclusivo de América Latina. A nivel mundial hay 260 millones de jóvenes entre 15 y 24 años en esta condición, representando 22% de la población global de jóvenes. 70% de los ninis en el mundo son mujeres, una proporción similar al 65% que se observa en América Latina. Como se muestra en la gráfica 1, el porcentaje de ninis varía entre las distintas regiones del mundo. El problema alcanza a uno de cada tres jóvenes en el Medio Oriente y el norte de África, en donde los jóvenes fueron la base de manifestaciones populares exigiendo cambios sociales durante la “Primavera Árabe” de 2011. Por otro lado, los países desarrollados (alto ingreso) tienen la proporción de ninis más baja del mundo con 11% y, contrario a lo que sucede en países en vías de desarrollo, no hay una mayor proporción de mujeres en esta condición.

 

Estar fuera del sistema educativo y sin empleo durante la juventud interrumpe la generación de habilidades o competencias necesarias para la vida y el trabajo. Esto tiene secuelas negativas sobre la empleabilidad y los salarios de estos jóvenes, inclusive 20 años en el futuro.2 En el caso de los hombres, un aumento de un punto porcentual en la tasa de ninis durante la adolescencia reduce 7% los salarios de esa misma generación cuando tienen entre 35 y 40 años de edad. Entre las mujeres el efecto negativo sobre los salarios es menor (3%), pero el ser nini durante la adolescencia reduce significativamente su probabilidad de estar empleadas durante la adultez.

En América Latina, como en ninguna otra región del mundo, el ser nini está asociado a la condición de pobreza. Dos de cada tres ninis en la región provienen del 40% de hogares más pobres.3 Esta concentración de ninis entre los hogares de más bajos ingresos es más alta que en cualquier otra región del mundo. La mayor propensión a caer en la condición nini entre jóvenes de hogares pobres y el efecto negativo que esto tiene sobre sus ingresos futuros muestra que el fenómeno de los ninis es uno de los mecanismos a través del cual se transmite, de generación a generación, la desigualdad del ingreso y la pobreza. No proveer oportunidades educativas y laborales a la juventud nos afecta a todos. Dada la estructura demográfica de la región entre 2015 y hasta 2030 la proporción de la población que está en edad laboral (entre 15 y 64 años) será la más alta de la historia. El “bono demográfico” está asociado con mayores tasas de crecimiento económico, siempre y cuando los jóvenes que entrarán al mercado laboral (hoy entre los cero y 15 años de edad) tengan las habilidades o competencias necesarias para apropiarse de las nuevas tecnologías e innovar el corazón de la productividad y el crecimiento económico de largo plazo. Sin jóvenes con estas habilidades la región desperdiciará una oportunidad histórica para mejorar los ingresos de la población y reducir la pobreza.

Las consecuencias sociales asociadas con los ninis no se limitan al plano económico. La industria del crimen organizado demanda un tipo de trabajador: hombres, jóvenes, de baja escolaridad. Por lo tanto, en países con altos índices de violencia y criminalidad los ninis varones son especialmente vulnerables a ser atraídos por el crimen organizado.4 En países con tasas relativamente bajas de criminalidad no hay evidencia de que los ninis estén involucrados en actos ilegales. Es el contexto lo que determina la confluencia entre los ninis y el crimen; por ejemplo, utilizando datos a nivel estatal para México, la relación entre la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes y el porcentaje de ninis durante el periodo 1995 a 2006 no es estadísticamente significativa (barra izquierda en la gráfica 2). Sin embargo, la relación entre ninis y homicidios se vuelve positiva y estadísticamente significativa entre 2007 y 2013 cuando la tasa de homicidios en México mostró una tendencia positiva durante casi todo el periodo. La relación entre ninis y violencia es aún mayor en estados fronterizos afectados por el crimen organizado y la crisis financiera internacional (2008-2009), la cual elevó el número de jóvenes fuera del sistema educativp y sin empleo (ver gráfica 2).

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Para diseñar políticas públicas que logren reducir el número de jóvenes que no estudia y no trabaja es necesario conocer las causas del problema. El abandono prematuro del sistema educativo, es decir, antes de concluir el nivel medio, es, quizá, el determinante más signiticativo. En América Latina el nivel medio (grados 7, 8 y 9) y en particular el nivel medio superior (grados 10, 11 y 12) representan el cuello de botella de la cobertura de los sistemas educativos. Prácticamente se ha universalizado el acceso a educación primaria en la región, sin embargo la cobertura en el primer ciclo de la secundaria cae a 70% de la población en el rango de edad relevante y sólo la mitad de los alumnos que terminan el grado 9 concluyen el grado 12 (ver gráfica 3). 

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El abandono escolar se manifiesta en el nivel medio pero la gestación del problema ocurre mucho antes. La generación de habilidades o competencias sigue un proceso acumulativo en donde las primeras son la base para las subsiguientes. Por ejemplo, en el primer grado de primaria los niños que provienen de hogares marginados se encuentran ya en desventaja, ilustrado en la gráfica 3 como un nivel de habilidades más bajo —o más alejados del referente normativo— que el nivel mostrado por niños de hogares de estratos sociales más altos. Como se muestra en la misma gráfica, la brecha entre las habilidades que los estudiantes deben tener (potencial o referente normativo) y las observadas se ensancha a medida que avanza la trayectoria escolar. Esta diferencia se acentúa en el caso de los niños con desventajas iniciales, por lo general los más pobres. Cuando muchos de los jóvenes llegan a la educación media traen acarreando tales deficiencias en habilidades que les resulta casi imposible seguir en el sistema. Aunado a esto, en la mayoría de los países latinoamericanos la edad legal para trabajar son los 15 o 16 años de edad, precisamente cuando ingresan a la educación media superior. Cuando los jóvenes que han tenido trayectorias escolares deficientes ven una oportunidad laboral, sin importar lo precaria e inestable que sea ésta, la toman y abandonan el sistema educativo. Éste es el patrón más común que termina en la condición de nini.

De acuerdo a la extinta prueba ENLACE, en México sólo la mitad de los alumnos que obtienen un nivel de logro “insuficiente” en noveno grado terminan la educación media superior comparado con el 75% entre quienes obtienen mejores niveles de logro. Los datos de la encuesta laboral de México (ENOE) muestran que cerca de 80% de los jóvenes (varones) que abandonan la educación media superior lo hace para trabajar, muchos de ellos en el sector informal. La misma base de datos muestra que sólo 5% de los jóvenes que abandonan el sistema educativo regresará a las aulas. La trayectoria que siguen las mujeres es similar pero con menos propensión al abandono escolar para ingresar al mercado laboral. Sin embargo, uno de cada 15 adolescentes en América Latina sale del sistema educativo por embarazo. De las más de 13 millones de mujeres ninis en la región, cuatro millones han decidido formar un hogar, la mayoría de ellas con hijos.

El fenómeno de los ninis no sólo se explica por el abandono escolar en el nivel medio, de hecho 30% de los 20 millones de ninis en América Latina tiene educación media completa. Estar en la escuela es una condición necesaria pero no suficiente para lograr insertarse exitosamente en el mercado laboral. Para ingresar al mercado laboral es necesario que el sistema educativo provea a los jóvenes de la región con ciertas habilidades que, inclusive algunos de los que concluyen la educación media, no tienen. Por ejemplo, de acuerdo a la prueba ENLACE5 de 2014, más de 60% de los jóvenes que terminaron la educación media superior en México tenía un nivel de logro en matemáticas “insuficiente” o “elemental”. Lo que el mercado busca son habilidades, competencias, particularmente de dos tipos: cognitivas básicas y socioemocionales. Las primeras son la base para la generación de competencias profesionales específicas a cualquier ocupación o industria e incluyen el cálculo matemático y la comprensión lectora. Las segundas son competencias que inciden en la forma como las personas identifican y controlan sus emociones e incluyen la autorregulación, la empatía, la perseverancia, todas ellas fundamentales para el trabajo en equipo y la sana convivencia laboral.

 

Las políticas preventivas son las más efectivas. Las intervenciones de desarrollo infantil temprano,6 especialmente entre los niños de hogares pobres o vulnerables, son las más eficientes para generar competencias cognitivas básicas y socioemocionales, reduciendo así el abandono escolar y el desempleo entre jóvenes. La adecuada nutrición de la madre durante el embarazo, lactancia materna al recién nacido y proveer estimulación temprana al infante son algunas de las intervenciones más efectivas para prevenir al abandono escolar y el desempleo juvenil futuro. 

Es necesario incrementar los niveles de logro o aprendizajes de los niños en educación básica, especialmente los que provienen de hogares de bajos ingresos. La forma más efectiva de incrementar los aprendizajes es a través de intervenciones para mejorar la calidad de la docencia.7 Tener procesos de selección a la carrera docente basados en el mérito, evaluar a los docentes en servicio, ligar los resultados de la evaluación a procesos de capacitación y premiar a los docentes que tienen un mejor desempeño son intervenciones que han demostrado tener un impacto significativo sobre los aprendizajes de los alumnos (habilidades cognitivas básicas).

En el primer ciclo de la enseñanza media, cuando comienza el abandono escolar en la región, los programas de transferencias monetarias condicionadas,8 como el programa Progresa/Oportunidades, hoy Prospera, en México, o Bolsa Familia en Brasil han aumentado la retención escolar. Sin embargo, las transferencias monetarias tienen efectos limitados, en el mejor de los casos, sobre el abandono escolar en educación media superior. En este nivel, para remediar las imperfecciones de toda una trayectoria escolar deficiente se requiere más que una beca. Evaluaciones recientes en Estados Unidos9 muestran que para retener a este tipo de estudiantes en riesgo es necesario combinar una estrategia para subsanar parte de las deficiencias en habilidades cognitivas básicas —en particular las matemáticas, con acompañamiento psicológico para generar o fortalecer las habilidades socioemocionales—. Este tipo de intervenciones han probado su efectividad, pero no son baratas y por eso es importante implementarlas junto con una estrategia de focalización que dirija los esfuerzos a los jóvenes con mayor riesgo de abandonar el sistema educativo.

Las recomendaciones hasta aquí presentadas se limitan a políticas para prevenir la formación de nuevos ninis. ¿Pero cómo ayudamos a Julio, Berenice y los otros 20 millones de jóvenes que hoy no estudian ni trabajan en América Latina? Hay que brindarles oportunidades para generar las habilidades mínimas necesarias para ingresar al mercado laboral teniendo en cuenta que, como nos muestra la evidencia, la gran mayoría no regresará al sistema escolar. Son pocos los programas de capacitación que han demostrado su efectividad. Uno de ellos es el programa Chile Joven, el cual ha sido replicado en Colombia (Jóvenes en Acción),10 República Dominicana (Juventud y Empleo), Perú (PROJoven), entre otros. El programa consiste en capacitaciones cortas, de tres a seis meses, diseñadas e implementadas por el sector privado con subsidios gubernamentales. Estas capacitaciones por lo general incluyen módulos para la generación de habilidades socioemocionales y son complementadas por pasantías. Aunque los efectos son modestos, estas intervenciones mejoran la empleabilidad y salarios de los jóvenes inclusive en el largo plazo.11

América Latina no puede desperdiciar el talento de sus jóvenes, no es justo para ellos, no tiene sentido desde el punto de vista económico y podría acarrear problemas sociales mayores. Sabemos cuáles son las políticas educativas que pueden reducir el riesgo de que más jóvenes en el futuro estén fuera del sistema educativo, sin trabajo y sin competencias. Sabemos también cómo proveer las habilidades mínimas para ayudar a Julio, Berenice y muchos otros jóvenes en la región a conseguir un trabajo. Hoy, como nunca antes, tenemos el conocimiento de cómo abordar un problema que nos afecta a todos y requiere solución inmediata.

 

Rafael de Hoyos
Economista de la Unidad de Educación para América Latina del Banco Mundial.

Las opiniones aquí expresadas son estrictamente del autor y no necesariamente representan la visión del Banco Mundial o los países que integran su directorio.

Artículo basado en De Hoyos, Rogers y Miguel Székely, “Ninis en América Latina: 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades”, Banco Mundial, Washington, DC, 2016.


1 Los nombres utilizados en el ensayo son pseudónimos para proteger la identidad de los jóvenes que participaron en el ejercicio cualitativo.

2 Székely, Miguel, Jonathan Karver, Youth Out of School and Out of Work in Latin America: A Cohort Approach, Policy Research Working Paper, WPS. 7421, World Bank, Washington, DC, 2015. © World Bank. http://bit.ly/1T7nMSL

3 De Hoyos, Rafael E., Anna Popova, F. Halsey Rogers, Out of School and Out of Work: A Diagnostic of Ninis in Latin America, Policy Research Working Paper, WPS 7548, Washington, DC, 2016. © World Bank Group. http://bit.ly/1rCmCJi

4 De Hoyos, Rafael E., Carlos Gutiérrez Fierros, J. Vicente Vargas M., Idle youth in Mexico: trapped between the war on drugs and economic crisis, Policy Research Working Paper, núm. WPS 7558, Washington, DC, 2016. World Bank Group. http://bit.ly/1TgmsNI

5 www.enlace.sep.gob.mx/ms/

6 Consultar: http://bit.ly/1rCn3U9

7 Consultar: http://bit.ly/1XX6UCG

8 Consultar: http://bit.ly/1N39xSO

9 Consultar: http://bit.ly/1SSXwl9

10 Attanasio, Orazio, Adriana Kugler y Costas Meghir, “Subsidizing Vocational Training for Disadvantaged Youth in Colombia: Evidence from a Randomized Trial”, American Economic Journal: Applied Economics, 3(3): 188-220, 2011.

11 Consultar: http://bit.ly/1SSXRUW

 

4 comentarios en “Ninis en América Latina

  1. Felicitaciones a Víctor Solis, una excelente ilustración, caricaturesca de la relación entre la juventud, la falta de oportunidades y el tráfico de drogas ilícitas.

  2. Me sigue preocupando que los datos se sigan presentando como verdades absolutas, que poco o nada se cuestione el por qué existen estos jóvenes en esta situación, que además el termino ‘nini’ lo único que sigue haciendo es una estigmatización de los jóvenes. Hay un evidente quibre social, una deficiencia de instituciones tanto de proveer una vida digna, como de hacer frente al fenómeno. Buenos los datos, pero se deben cuestionar, hacer cruces, ver qué está pasando. El involucramiento de fuerzas de ocupación como el narcotráfico tampoco es inocente, hay que retroceder un poco, para ver la magnitud del problema que no se resume en desertación escolar.