Tengo la manía de guardar artículos. Todos son prediluvianos: son fotocopias, ordenadas por temas, en folders, con notas en la ceja: Pobreza, Literatura y enfermedad, Ética médica, Corrupción, etcétera. Los nativos de internet no conocen esa manía: es antiecológica, ocupa espacio, almacena polvo y ordenar los textos requiere tiempo. Sin embargo, hojear esos artículos me gusta y me sirve. Este artículo proviene de esa costumbre: entrelazo viejos textos sobre pobreza y salud y los comparto en un listado. Los avatares expuestos son interdependientes. Todos deben resolverse. De no ser así, la pobreza seguirá mermando la salud y viceversa.

07-pobreza

Ilustración: Kathia Recio

1. La pobreza, de acuerdo a conceptos sociológicos, no se mide por la capacidad de consumo sino por la participación social.

2. La pobreza excluye a las personas del torrente de la vida, disminuye su participación social y las aísla de bienes como la salud.

3. Múltiples estudios han demostrado que la pobreza disminuye la salud de las personas, de la sociedad y de las naciones.

4. Un viejo estudio, The Black Report (1980), llevado a cabo en Inglaterra, comparó la mortalidad entre 1931 y 1981 entre diversas clases económicas. Señaló, entre otro factores: a) Las diferencias en clases sociales son determinantes: mueren antes los que menos tienen; b) las diferencias en clases sociales empobrecen la salud; c) las diferencias en clases aumentaron a través de los años; d) el informe contrastó la mortalidad entre individuos no calificados, entre parcialmente entrenados y personas con carreras universitarias. Las diferencias fueron significativas: vivían más años los mejor calificados.

5. En las naciones pobres, “países en vías de desarrollo”, el incremento poblacional, la degradación ambiental y la distribución inequitativa de recursos profundizan la pobreza de sus habitantes.

6. En los países pobres los diferentes roles de los sexos definidos, entre otros factores, por la aportación de dinero, contribuye a determinar el estado nutricional de los infantes: es mejor cuando es la madre la que aporta el dinero —estudios efectuados en Guatemala.

7. En Perú la mortalidad en infantes es siete veces menor en los hijos de madres que estudiaron siete o más años en comparación con las que no acudieron a la escuela. Un ejemplo dramático: las primeras saben utilizar la rehidratación oral para tratar las diarreas; las no educadas no lo hacen adecuadamente.

8. Los países pobres se encuentran inmersos en la llamada “trampa demográfica”: en países en vías de desarrollo el incremento en la tasa de crecimiento poblacional se debe al aumento en la natalidad (tasa de nacimientos) y a la disminución en el número de fallecimientos (tasa de mortalidad). En esa trampa los pobres padecen y mueren por enfermedades de la pobreza —desnutrición, diarreas y neumonías en infantes—, mientras que las clases económicas solventes padecen y fallecen por patologías propias de la edad y de la riqueza —infartos al miocardio, cánceres, enfermedades renales crónicas, accidentes automovilísticos.

9. La “trampa demográfica” empeora la situación de las clases desprotegidas ya que el Estado eroga grandes cantidades de dinero para el tratamiento de neoplasias malignas, diálisis, etcétera.

10. Cuando se creó el término “trampa demográfica” no se incluyeron a los muertos derivados por el narcotráfico. La mayoría de las personas que fallecen en actividades vinculadas con el narcotráfico proceden de estratos socioeconómicos bajos.

11. Un estudio, similar al Black Report, también efectuado en Inglaterra, demostró que la mortalidad en porteros era tres veces mayor que en administradores.

12. En Estados Unidos, a finales del siglo pasado, se evidenció que los factores de riesgo conocidos para la salud, como tabaquismo, obesidad, hipertensión arterial y niveles altos de colesterol, explican un incremento de la mortalidad en 30% de los casos. La pobreza es la responsable del 70% restante.

13. Fatal corolario son los denominados gastos catastróficos en salud, es decir, el dinero invertido para tratar a un enfermo. Éstos pueden representar entre 30% y 50% de la capacidad de pago de la familia. Los gastos catastróficos producen el empobrecimiento de la familia por motivos de salud y/o el desaliento de la utilización de los servicios médicos por causas económicas. Las clases pobres erogan inmensas cantidades de dinero para tratar a sus enfermos.

Los 13 puntos son, entre muchos otros, una fotografía de lo que sucede cuando impera la pobreza. En esas circunstancias la salud se convierte en lujo y entelequia. En nuestro país una de cada dos personas, o quizás un poco más, se encuentran atrapados en la “trampa México”. Esa trampa es responsabilidad de nuestros políticos. Es una pena que nuestros políticos no conserven, ya no digo lean o estudien, sus viejos artículos.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

6 comentarios en “Salud y pobreza: Binomio inseparable

  1. Quizas, algo se pueda hacer si en los primeros años de escuela, se educa a los niños para la salud ya que en sus casas no lo hacen. Es muy triste ver un padre de familia que va en sandalias a la tienda de la esquina a las 10:30 pm, con sus dos hijos de 3 y 5 años, a comprar dos cocotas de 2.5 litros. Por el otro lado las escuelas deben dejar de cerrarse los sábados y domingos para que estudiantes de ciencias de la salud de todas las universidades brinden educación a los padres familia, como su servicio social… bien siempre y cuando los sindicatos lo permitan porque luego se creen dueños de las escuelas jeje. Algo se debe poder hacer.

    • Don Manuel:
      Pues sí, algo se debe poder hacer. Lo que se propone en otros países, cobrar mayores impuestos a quienes más tienen es una solución. La otra es que los políticos roben menos, un poco menos -con eso bastaría.
      Saludos,
      Arnoldo

  2. Estimados Arnoldo y Don Manuel:
    La enfermedad más devastadora de nuestro país es la ignorancia. Afecta primordialmente a los pobres (por eso compran “cocotas”, Don Manuel), aunque no es exclusiva de ese estrato social. Es esa misma ignorancia la que fomenta la pasividad de una sociedad que no reacciona ante tantas infamias. Y el hambre, porque la desnutrición intrauterina daña irremediablemente el cerebro de los futuros ciudadanos, su capacidad de indignación, su deseo de progreso material. Y ese déficit “de fabrica” se ahonda con una educación pública de mala calidad aderezada por los pastores de la grey, aunque también hay excepciones. Todo ello converge para que unos cuantos saquen inmenso provecho de los recursos materiales y humanos de México, que no son pocos. Cuesta mucho imaginar cómo romper ese círculo vicioso.
    Para que el sistema sanitario público cumpla con su cabal cometido necesita reformas radicales (de raíz), pero las que vemos venir no van en ese sentido. Todo lo contrario. Buscan nuevamente el negocio unos cuantos a partir de un mercado cautivo de millones de mexicanos que necesitan esos servicios. De modo que se seguirá reforzando la relación nefasta entre la pobreza y la enfermedad. No parece haber remedio.

    • Luis:
      La ignorancia es uno, como dices, de los grandes cánceres de nuestro país. El círculo vicioso es demasiado perverso: imposible salir de él si luchas por la supervivencia cotidiana. ¿Será realidad esa idea tan repetida de que el gobierno busca a toda costa mantener al pueblo sumido en la ignorancia. Yo creo que sí. Basta repasar lo que ha sucedido desde la profesora Elba Esther.
      Abrazo,
      Arnoldo

    • María Guadalupe:
      En general todas las enfermedades crónica cuestan mucho. Un Estado que no protege a sus ciudadanos y roba no puede atender ni las enfermedades aguadas ni las crónicas.
      Gracias,
      Arnoldo