Presentamos una entrevista con Álvaro Matute Aguirre (ciudad de México, 1943), en la que el historiador conversa sobre la gestión de Porfirio Díaz, las nuevas investigaciones sobre su figura y el permanente debate a nivel histórico.


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Laura Hernández Meléndez: ¿Cuál es su perspectiva de Porfirio Díaz —personaje histórico controversial— a un siglo de su muerte?

Álvaro Matute Aguirre: En efecto, la imagen es controvertible. Algunos pensamos que fue un gobernante muy especial. Da lugar a la controversia porque, por un lado, fue un gobernante estupendo: empujó al país por un rumbo que no había conocido desde finales de la época colonial. Por otro lado, tuvo que utilizar la mano dura —a veces excesivamente dura— para lograr algunos de sus fines o impedir cualquier tipo de oposición. Es una figura de contrastes porque tuvo manifestaciones muy benéficas y positivas y, a la vez, excesivamente drásticas.

LHM: ¿Percibe una leyenda negra sobre Porfirio Díaz?

ÁMA: Sí. La perpetró el régimen revolucionario para justificarse a través de todo tipo de improperios dedicados a la época de Porfirio Díaz. La leyenda negra surgió como justificación del régimen revolucionario.

LHM: ¿Cuál es la visión que se enseña actualmente sobre su gestión?

ÁMA: Creo que ha mejorado el discurso sobre la figura de Porfirio Díaz y su gobierno en los manuales de enseñanza y en muchos libros, pero sin quitar los puntos negros de esa gestión, que fueron la represión muy fuerte y la permanencia larga en el poder, que impidió cualquier tipo de oposición, sobre todo la final.

LHM: A 100 años de su muerte continúa la polémica. Ahora hay un debate sobre lo que ocurrirá con sus restos.

ÁMA: Creo que sus restos descansan a gusto en el Cementerio de Montparnasse, pero el hecho simbólico de que fueran repatriados y colocados en el templo de La Soledad, en Oaxaca, sería una manifestación de que México es capaz de reconciliarse con su propio pasado —que no es muy común— y un signo de madurez importante.

LHM: ¿Considera que con las nuevas investigaciones —los más recientes estudios de sus archivos— se ha logrado una revisión de Díaz?

ÁMA: Sí. Ha habido mucho avance, dado que todo lo que se escribió de manera muy inmediata —que era demasiado favorable o desfavorable— con el tiempo adquiere perspectiva. Además, se investigan fuentes que no habían sido consideradas por otros autores. En ese sentido se ha ganado mucho en comprensión.

LHM: Existen publicaciones apologéticas. Y otras en las que se trata de desmitificar al personaje. ¿Qué se escribe historiográficamente al respecto?

ÁMA: Se ha atomizado la investigación sobre el gobierno de Díaz, en aspectos económicos, sociales, políticos y culturales, que se han enriquecido mucho. Ha mejorado la investigación en ese sentido, pero se ha perdido la visión de conjunto. La visión de conjunto se debe al historiador inglés Paul Garner, quien hizo un trabajo breve, un producto que satisface tanto a los historiadores como al público general —desde luego culto—. Tiene el mérito de trascender el círculo cerrado de los historiadores.

LHM: ¿Continúa un debate a nivel histórico?

ÁMA: Aún existe. Por ejemplo, se utiliza como ideología decir que alguna situación contemporánea es una especie de vuelta al porfiriato. Lo han manejado diversos autores actualmente. Parece que no toman en cuenta toda la investigación que se ha hecho para tener una mejor visión del tiempo de Porfirio Díaz.

LHM: ¿Piensa que su gestión causa impacto actualmente?

ÁMA: Sigue causando impacto. Hay una diferencia notable entre quien lo precede y la manera en que el país queda al final de la gestión.

LHM: ¿Cuáles son los puntos que considera cuestionables en la gestión de Díaz —que generaron una imagen polémica hasta nuestros días?

ÁMA: Plantearía cuatro. El primero fue el famoso “mátalos en caliente”, en 1878, cuando ordena a la guarnición de Jalapa liquidar a los que se habían insubordinado, el telegrama que le manda al general Mier y Terán. Luego Tomóchic. Es el punto más negro porque se arrasa a una población, de una manera lamentable. La actuación del ejército fue tremenda contra los tomochitecos sublevados. Después, la intolerancia contra todo periodista que se atrevía a cuestionar cualquier cosa. Llegaban a la cárcel de Belén, principalmente. Inclusive a San Juan de Ulúa. Y cuarto, su falta de compromiso por lo que había expresado en la entrevista, vía escrita, de que se retiraría en 1910. No lo hizo y dio lugar al levantamiento de Madero. Esos son mis cuatro puntos que hacen cuestionables las bondades del régimen porfiriano.

LHM: Para realizar un balance con los puntos cuestionables, ¿cuáles son las claves del gobierno de Díaz que han causado un impacto positivo en la historia de México?

ÁMA: Por una parte, la integración nacional a través de los más de 24 mil kilómetros de vía férrea, que permitieron que México se conectara, económica y socialmente, de una mejor manera. Otra clave es el desarrollo urbano en muchas capitales del país, que tuvo un estilo personal. Hablamos ahora de una arquitectura porfiriana, que en realidad internacionalmente podría ser victoriana. Aquí le decimos porfiriana. Todavía la apreciamos en muchas ciudades grandes de todo el país. Destaco su búsqueda de independencia absoluta de la economía de Estados Unidos. Buscó relaciones económicas, comerciales, con países como Inglaterra, Francia, España y Alemania. Procuró abrirse hacia el continente asiático, tímidamente. Pero hubo una relación importante con Japón, por ejemplo. En el capítulo de las relaciones internacionales tuvo un desempeño muy notable, porque además reconcilió animadversiones anteriores con países que habían estado enfrentados con México. También hubo un impulso importante a la educación, por la mano de Justo Sierra.

 

Laura Hernández Meléndez
Periodista.