No hay día sin noticias sobre bioética. Unas se dedican a la Tierra y otras al ser humano (ética médica). La Tierra como casa peligra por el uso inadecuado de la tecnología, y el ser humano se beneficia y a la vez sufre las consecuencias de la tecnología. Al presenciar cómo el caballo era sustituido por el tren, Henry David Thoreau (1817-1862) advirtió acerca de los peligros del progreso: “Los hombres se han convertido en las herramientas de sus herramientas”. A Thoreau le inquietaba que las máquinas supliesen a la Naturaleza.

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Aunque había algunas alusiones previas, la introducción del término bioética se debe a Van Renselaer Potter (1911-2001), un bioquímico con preocupaciones humanistas. En 1970 publicó un artículo intitulado, Bioethics: The Science of Survival. Un año después amplía y profundiza sus conceptos en el libro Bioethics. Bridge to the Future. 45 años atrás escribió: “La humanidad necesita urgentemente una nueva sabiduría que le proporcione el ‘conocimiento de cómo usar el conocimiento’ para la supervivencia del hombre y la mejoría de su calidad de vida. Este concepto de la sabiduría como guía para actuar —el conocimiento de cómo usar el conocimiento para el bien social— podría llamarse ‘la ciencia de la supervivencia’, y sería un prerrequisito para mejorar la calidad de vida. Yo postulo que la ciencia de la supervivencia debe cimentarse en la biología, ampliada más allá de sus límites tradicionales para incluir los elementos más esenciales de las ciencias sociales y humanidades, con énfasis en la filosofía en sentido estricto, o sea, en el amor a la sabiduría. La ciencia de la supervivencia debe ser más que una ciencia, y para ello propongo el término de bioética con objeto de subrayar los dos ingredientes más importantes para alcanzar la nueva sabiduría que necesitamos tan desesperadamente: el conocimiento biológico y los valores humanos”.

La idea de Potter es cada día más vigente. Nuestra supervivencia depende del uso adecuado de la sabiduría y del equilibrio entre ciencia y ética. El esqueleto de Bioethics. Bridge to the Future incluye, entre otros capítulos, reflexiones obligadas. Destacan, La supervivencia como meta de la sabiduría, las obligaciones del ser humano en la sociedad, el conocimiento peligroso y los dilemas de la sociedad moderna, ciencia y sociedad, el concepto del progreso humano, medio ambiente, religión y el crecimiento de la población. Supervivencia es el tema central.

El libro estudia el divorcio entre sabiduría y destrucción, expone los malos usos del conocimiento y aboga por la necesidad de ensamblar los principios éticos con el entorno biológico. Cualquier acción que disminuya las posibilidades de supervivencia de la humanidad es inmoral. El conocimiento, bajo la égida de científicos y humanistas, debería abocarse a la supervivencia de la Tierra y del ser humano.

Salvo para creacionistas, fundamentalistas y para las naciones que se niegan a firmar protocolos a favor de la salud ambiental, el deterioro de la Tierra es evidente. El fracaso de las cumbres sobre el medio ambiente, la inadecuada explotación de las tierras de cultivo en África, la contaminación de mares y ríos, el continuo movimiento de la población acostumbrada a ejercer actividades agrícolas hacia las ciudades, el incremento de la población, la contumacia de China (“es nuestro turno contaminar, Occidente lo hizo anteriormente”) y el aumento de la temperatura del globo terráqueo son admoniciones insoslayables.

Potter dedica su libro a Aldo Leopold (1888-1948), quien en los años cuarenta del siglo pasado publicó ensayos sobre la conservación de la Tierra. Leopold era un ecólogo estadunidense; fue promotor de la ética ambiental y de la ética de la Tierra, ideas que dieron origen a la instauración del Día de la Tierra. En sus textos explica que “La primera ética se ocupaba de las relaciones entre los individuos; el decálogo de Moisés era un ejemplo. Posteriormente, la ética se ocupó de las relaciones entre individuos y sociedad”, y agrega: “No existe una ética que se ocupe de la relación del hombre con la Tierra y con los animales y las plantas que ahí crecen”; sin acuñar el término, habló de bioética.

Los legados de Potter y Leopold son inconmensurables. Potter se preocupaba por la supervivencia del ser humano, Leopold sostenía que el ser humano es el cáncer de la Tierra. Ambos tienen razón. Mientras sigamos sin escuchar las advertencias del planeta y priorizando la tecnología en vez de la sabiduría, nuestras acciones engullirán a la Tierra y a la humanidad. A pesar de la cruda información nada sigue igual, todo ha empeorado.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. En 2013 publicó Decir adiós, decirse adiós (Mondadori). Este año, SextoPiso publicará Recordar a los difuntos.

 

3 comentarios en “Filosofía del siglo XXI

  1. Me parece interesante el planteamiento, pero no avanza. Pensar en la ética como una herramienta para la supervivencia, en lugar de pensar en ella en el sentido clásico de la búsqueda de la verdad es un paso en la dirección equivocada.
    Eventualmente va a ser usada para justificar ‘mi supervivencia’ sobre la supervivencia de otros seres humanos.
    No sabia yo que el término era tan reciente. Pensaba que habia sido acuñado para nombrar la ética aplicada a los seres vivos. Me sorprende saber que el término es inventado para nombrar ‘la ética que me permite a mi mantenerme vivo’. Gramsci ataca de nuevo.

  2. Que bueno que tengan a Arnoldo Kraus ahora como columnista. Siempre estoy en busca de sus artículos. Gracias por esta información y por tu opinión Arnoldo