Ausentes del universo es el último libro de José Antonio Aguilar Rivera, un politólogo e historiador cuya extraordinaria capacidad de trabajo complica un poco la tarea de “seguirle la pista” a todo lo que escribe. Hace apenas tres años Aguilar Rivera publicó La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1870 (FCE, 2010) y un año después editó La espada y la pluma, una monumental antología del pensamiento liberal mexicano (FCE, 2011). Ausentes del universo, el libro que aquí nos ocupa, es una recopilación de siete ensayos, redactados por el autor entre 2005 y 2012. En esta reseña no me ocuparé de los siete textos considerados individualmente; en cambio, centraré mi atención en un aspecto que subyace a todo el libro. Antes de hacerlo quizás convenga aclarar que el título del libro proviene de una frase que Simón Bolívar utilizó tanto en la Carta de Jamaica como en el Discurso de Angostura. En ambos casos, “ausentes del universo” es una expresión con la que Bolívar hacía referencia al hecho de que a causa de tres siglos de dominio despótico por parte de la monarquía española, los hispanoamericanos carecían de conocimientos en la ciencia del gobierno y en la administración del Estado. En el título de la Introducción, Aguilar Rivera opta por poner la expresión referida entre signos de interrogación. Esto se explica porque en ese preámbulo el autor propone una historia de las ideas que niegue la socorrida noción de que América Latina no hizo contribuciones originales al pensamiento político occidental durante el siglo XIX. Al mismo tiempo, el libro es planteado como un alegato “a favor de la historia de las ideas y la teoría política”. Un alegato que se explica porque, en opinión del autor, la corriente metodológica conocida como “historia de los lenguajes políticos” implica caer en lo que él denomina una “historia teorizante”. A este respecto conviene apuntar que tanto esta corriente (pienso básicamente en la Escuela de Cambridge) como la historia conceptual (me viene a la mente Reinhart Koselleck) son las dos aportaciones metodológicas más importantes de las últimas décadas en el ámbito de la historia intelectual.

De manera un tanto paradójica, tomando en cuenta lo dicho en el párrafo anterior sobre lo que Aguilar Rivera considera “historia teorizante”, en esta reseña centraré mi atención en lo que se puede denominar una “sobrevaloración de la teoría política” por parte del autor; más concretamente, una sobrevaloración del papel que los “clásicos” de la teoría política juegan cuando estudiamos ciertos autores y ciertos textos (en este caso concreto del pensamiento político hispanoamericano de la primera mitad del siglo XIX). En Ausentes del universo los autores estudiados son Vicente Rocafuerte, Manuel Lorenzo de Vidaurre, Simón Bolívar y Lucas Alamán. Con base en ellos Aguilar Rivera quiere probar el aserto, ya aludido, que hace en la Introducción: “Es falso que no haya contribuciones originales [de América Latina] en el siglo XIX”. Y, sin embargo, una vez que entramos al libro nos encontramos con que, por ejemplo, para Rocafuerte los modelos a seguir son todos ellos europeos y, sobre todo, estadunidenses. Al respecto el autor escribe: “En el fondo, la mirada suplicante hacia los padres fundadores norteamericanos evidenciaba la orfandad teórica que sufrían los hispanoamericanos”. En cuanto a Vidaurre, Aguilar Rivera encuentra que su principal aportación está en la recuperación que hizo, si bien “con juicio propio”, de los escritos de  Maquiavelo, de Montesquieu y de otros autores “del canon occidental”. Y enseguida afirma: “Es la misma estrategia que siguieron los fundadores de la república norteamericana y los revolucionarios franceses”. En cuanto a Bolívar, Aguilar Rivera nos dice que El Libertador “encontró pronto en su carrera uno de los vacíos de la teoría liberal”, que “tal vez Bolívar hubiera podido recurrir al patriotismo republicano” y que “nunca desarrolló una sólida teoría sobre las mezclas raciales”. Más adelante, en el primero de los dos artículos dedicados a Alamán, el autor escribe: “No es claro que Alamán conociera El Federalista; sí sabemos que conocía la Constitución de los Estados Unidos. Pero de cualquier forma, la convergencia entre sus ideas y las expuestas por Hamilton y Madison es notable”. Por último, en las conclusiones, Aguilar Rivera afirma que los constructores del gobierno representativo, de Madison a Sieyès, se atrevieron a realizar con criterio propio “la compleja traducción institucional de la teoría política”, mientras que los hispanoamericanos “rara vez se enfrascaron en los debates fundacionales como lo hicieron los teóricos norteamericanos y franceses”.

¿Qué se desprende o qué desprendo yo de lo anterior? Creo que, pese al título de su libro y a las intenciones expresadas en la Introducción, Aguilar Rivera mira con condescendencia al pensamiento político hispanoamericano, sobre todo porque no se parece a los dos grandes modelos que él tiene siempre en mente (el estadunidense y el francés, sobre todo el primero), pero también porque concede a la teoría un lugar que me parece desmedido si queremos entender a los pensadores políticos hispanoamericanos, si queremos saber lo que estaba en juego cuando escribieron sus textos, si queremos saber cuáles eran sus principales objetivos cuando los redactaron o, utilizando los términos de uno de los principales cultivadores de la historia de los lenguajes políticos (Quentin Skinner), si queremos saber qué estaban haciendo cuando escribieron dichos textos. Para responder a estos interrogantes, una historia de las ideas basada en “modelos”, en “influencias” y en el “canon occidental” no resulta muy útil. Desde mi punto de vista la teoría, tal como la entiende Aguilar Rivera, es uno entre muchos elementos a considerar al acercarnos a un autor o un texto determinados. Entre ellos yo destacaría lo que en ocasiones se denomina “contexto de debate”. Para este contexto resulta mucho más importante saber cuáles eran las intenciones del autor al escribir un texto determinado, cuáles las problemáticas políticas concretas que enfrentaba o cuál era el entramado lingüístico y conceptual dentro del cual se movía, que referirse a los “grandes autores” en la historia política de Occidente y dilucidar qué tanto el autor estudiado se acercaba o se alejaba de esos “grandes autores”. Con frecuencia convertir al “canon occidental” en baremo o hilo conductor de nuestras pesquisas historiográficas dice más del historiador en turno que del pensador o de la obra que está analizando.

Para ilustrar lo que quiero decir doy un ejemplo concreto. Aguilar Rivera afirma que el Ensayo político de Rocafuerte, publicado en Nueva York en 1823, no solamente no es una “ensalada italiana” (que es la manera en que el propio Rocafuerte se refirió a dicho texto en una carta personal), sino que representa “uno de los documentos más interesantes desde el punto de vista teórico” y, casi enseguida, afirma que el Ensayo “tiene más sustancia y coherencia que muchos tratados”. Yo creo que el texto en cuestión está más cerca de la “ensalada italiana” que del tratado, pero eso es lo de menos. Si el autor se expresa así respecto al Ensayo es porque percibe en él ciertas características, ciertas cualidades. Mi punto es que esta apreciación tiene mucho más que ver con su manera de concebir la historia de las ideas que con el texto mismo. Lo que le interesa en este caso son los orígenes del republicanismo hispanoamericano y de aquí que le conceda la importancia mencionada; en buena medida porque en diversas ocasiones Rocafuerte reconoce explícitamente su deuda con varios “grandes autores” (sobre todo norteamericanos: “Sigamos e imitemos más bien los consejos y máximas políticas de Washington, de Adams, de Jefferson y de Madison…”). Sin embargo, desde mi punto de vista, la teoría política y el canon occidental no determinan la relevancia de este texto. Yo ubicaría su relevancia en que es uno de los alegatos más decididos en favor de la República como la única forma de gobierno que podían/debían adoptar los hispanoamericanos y, por tanto, es una crítica feroz a las monarquías, justo en el momento en que las monarquías se estaban “reconsolidando” en Europa (por lo demás, el monarquismo durante el periodo emancipador fue mucho más importante y estuvo mucho más presente de lo que han planteado las historiografías tradicionales latinoamericanas desde hace casi dos siglos).

Enseguida menciono algunos textos que no aparecen en Ausentes del universo pero que espero contribuyan a ilustrar lo que quiero decir: si lo que nos interesa primordialmente son los argumentos americanos para independizarse de España, la Carta a los españoles americanos de Juan Pablo Viscardo o el Memorial de agravios de Camilo Torres son textos imprescindibles; si lo que nos interesa es la transformación (digamos, a la baja) del ideario liberal durante el periodo emancipador, el discurso de Nariño ante el colegio electoral de Cundinamarca o la Memoria de Quito de Monteagudo aparecen como “imprescindibles”; si lo que nos interesa particularmente son algunos de los dilemas políticos más importantes que los nuevos países tenían que enfrentar una vez conseguida la independencia, entonces el Discurso de la profecías de Miero, el propio Discurso de Angostura de Bolívar aparecen como “inevitables”. La lista puede extenderse. Mi punto es que el valor de estos escritos no está sólo ni principalmente en cómo responden o reaccionan frente a un “canon occidental”. De hecho, creo que si centramos nuestra atención en los “grandes autores” y los “grandes textos” podemos perder de vista con relativa facilidad algunos de los aspectos más interesantes de dichos escritos y, sobre todo, más útiles para entender lo que dicho texto significó o implicó en el momento en que fue escrito.

Lo anterior me lleva al punto final de estos comentarios. Como señalé, Aguilar Rivera descarta a la historia de los lenguajes políticos por ser una “historia teorizante”, y afirma que este enfoque metodológico no dialoga con “los temas torales de la historia del pensamiento político”. Si algo han puesto de manifiesto tanto la historia de los lenguajes políticos como la historia conceptual es que no hay tal cosa como los “temas torales” en la historia de las ideas políticas. Que un tema sea “toral” en cierto momento para una determinada sociedad no significa que lo seguirá siendo indefinidamente ni tampoco que tenga el mismo significado y las mismas connotaciones en otras sociedades (incluso coetáneas). Más importante aún es que su “toralidad” depende de una serie de factores que están en relación directa con los contextos de debate y con el arsenal lingüístico-conceptual disponible en un momento histórico determinado. En mi opinión, Ausentes del universo, pese a sus muchos aciertos y a la cantidad de ideas sugerentes que lo recorren (una “marca de la casa” en el caso de Aguilar Rivera), sería un texto aún más sugerente de haber adoptado una actitud menos desdeñosa respecto a algunas de las intuiciones fundamentales de las dos corrientes mencionadas.

 

Roberto Breña

Profesor-investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

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José Antonio Aguilar Rivera
Ausentes del universo.
Reflexiones sobre el pensamiento político hispanoamericano en la era de la construcción nacional, 1821-1850,
FCE, México, 2012,
344 pp.

 

3 comentarios en “¿Ausentes del universo?

  1. Lo que está de por medio en la teoría política es que esté fundada en una visión objetiva de la realidad de una determinada sociedad, y pongo por caso el de la sociedad mexicana posterior a la independencia de México y hasta la actualidad, ¿creen los lectores, Aguilar Rivera y Roberto Breña, que la política es un asunto de iniciados o de conjuntos de individuos?, si es de iniciados, entonces es un asunto de gabinete o de diletantes. Si atañe a las naciones, entonces en los individuos han de cobrar vida las instituciones del Estado, me pregunto si en el caso de México, las instituciones cobran vida en la conducta de los individuos… Si la respuesta a eso es que estas discusiones sólo atañen a los especialistas, entonces los especialistas están arando en el mar… la teoría política representa modos de abordar la realidad y por lo mismo, modos de vivir la vida, un “ethos”.

  2. Me sorprende que nadie haya hecho otro comentario a cerca de este libro, ya que es materia prima de la mas alta calidad. Todo el trabajo de análisis sobre historia y política si se realiza desde la perspectiva teórica, es de una variedad que no tiene límites, pero en toda sociedad existe un marco histórico que es el que le puede dar, no un orden, sino un significado a lo político y a la política. Cuáles son los temas más significativos, más relevantes, para tal o cual sociedad en determinado periodo de su historia es el tipo de cuestionamientos que ha de orientar la búsqueda de criterios de investigación, más allá de la microhistoria.