La exposición Esplendores: 30 Siglos del Arte Mexicano en el Museo Metropolitan de 1990, bajo la lupa de la nostalgia, le hicieron imaginar símbolos mexicanos sobrepuestos a la ciudad. Algunas de estas imágenes se publicaron en el periódico La Jornada bajo el título Postales de Manhatitlán, término acuñado por el artista en los años ochenta. En 1993 Feggo se unió a los periodistas y artistas mexicanos radicados en Nueva York que crearon el semanario Águila o Sol. En esta publicación dirigida a lectores hispanoparlantes del NE de Estados Unidos, tuvo la oportunidad de presentar una serie de nuevas imágenes mex-neoyorquinas de gran formato. Aunque Águila o Sol no publicó más de 15 números, Manhatitlán se convirtió en un proyecto de vida en el que ha ido plasmando qué es ser un inmigrante mexicano en Estados Unidos y, en particular, qué es serlo en Nueva York.

Feggo

Parecería que Feggo, al llegar a Nueva York, tuvo el don de predecir el futuro de sus compatriotas en esa ciudad. Cuenta que en esa época los neoyorquinos, poco acostumbrados a tratar con mexicanos, pensaban que él era peruano. En cambio, cuando más tarde comenzó a dibujar lo mexicano en la Gran Manzana, como si una profecía estuviera a punto de cumplirse, empezaron a llegar pueblos enteros de Puebla, Guerrero y Oaxaca, que dieron un colorido distinto a los barrios donde se asentaban.

Feggo concibió el proyecto Manhatitlán como un antiguo códice mexicano. Así como los mexicas escribieron sus “memorias” con imágenes, a través de los años, él ha ido dibujando sus fantasías sobre la inmigración y las vivencias del mexicano neoyorquino. Bajo este concepto también decidió adoptar, algunas ocasiones, una firma en la que se dibuja como el mensajero indígena Chac Mool, pues dice imaginarse a sí mismo como un “intermediario entre dos mundos distintos”.

Hasta hace dos años, el acervo de Manhatitlán era una serie extensa de dibujos en tinta y acuarela sobre papel y siete animaciones cortas. Tras varias exhibiciones y premios al proyecto, Felipe Galindo se interesó en compilar 23 dibujos en un libro. Manhatitlán: Mexican and American Cultures Intertwined, que comenzó a circular en 2010 bajo el sello de Jorge Pinto Books, aparece con una introducción de Peter Canby, editor de la revista New Yorker, y textos breves en los que Feggo le da contexto histórico y cultural a las imágenes. En 2011 fue distinguido como el mejor libro de arte en el International Latino Books Award de Estados Unidos.

A manera de códice, la primera página del libro tiene una serie de dibujos en blanco y negro que ilustran la emigración de los mexicanos. Como en la leyenda de la fundación de México-Tenochtitlán, los personajes peregrinan buscando a un águila que les indique el sitio donde pueden asentarse y prosperar. Pero el águila que ven no es aquella que posada en un nopal devora una serpiente, sino un águila que lleva en las garras un manojo de flechas y en el pico un listón estrellado. Como se trata del águila del escudo de armas norteamericano, en lugar de establecerse en la isla de Tenochtitlán, los personajes se instalan en la isla de Manhattan. Es decir, la isla se redescubre y se vuelve Manhatitlán.

Le sigue una imagen titulada Cuatro de julio (vista desde la frontera sur) en la que aparecen dos mexicanos que quieren cruzar “al otro lado”. Uno está a punto de saltar la barda y el otro lo observa. A la distancia, en el cielo se ven los fuegos artificiales que celebran la independencia norteamericana y, aún más lejos, “La Fortuna”: el reconocido horizonte de Manhattan resplandeciente como el mítico El Dorado que tanto ansiaban encontrar los conquistadores españoles. La barda que separa a los mexicanos de los gringos, pintada con franjas rojas y blancas, forma junto con el espacio azul, estrellado por los fuegos artificiales, la bandera estadunidense.

Feggo3

Los dibujos de Feggo en los que traspone imágenes arquetípicas de la cultura mexicana sobre el panorama de Manhattan capturan la sensación de ser eternamente extranjero y de ver el mundo desde dos perspectivas. Con humor juguetón, bondadoso y sin violencia, ilustran la discrepancia entre lo gringo y lo mexicano celebrando con nostalgia poética a los mex-neoyorquinos.

Cada dibujo es un instante del choque entre las dos culturas. Pero no se trata de un enfrentamiento, sino de cómo se entrelazan, cómo se concilian dos maneras distintas de ver el mundo. Por ejemplo: en uno, un hombre le lleva serenata a una mujer que, agradecida, le corresponde lanzándole una rosa, pero no es desde la ventana de una casa colonial, sino desde el balcón del Edificio Chrysler. En otro, los voladores de Papantla giran de cabeza colgados de mecates amarrados a los pies. Pero en lugar de que el mecate cuelgue de un tronco, cuelga del distintivo mástil que corona al edificio Empire State. En un tercero, aparecen, lado a lado, la Cuatlicue, diosa de la tierra y la fertilidad con sus faldas de serpientes, y Marilyn Monroe, diosa de Hollywood y la sensualidad. Ambas posan como en la imagen más famosa de la Monroe en la cinta The Seven Year Itch de Billy Wilder. El viento que escapa del respiradero del pavimento descubre las piernas de las dos figuras míticas.

Feggo2

Algunos dibujos de Feggo logran resumir condiciones que acosan a todos los mex-americanos. En Batalla en la Quinta Avenida un guerrero jaguar se enfrenta como Hércules a uno de los leones que flanquea la sede de la Biblioteca Pública de Nueva York. El león es símbolo de paciencia y entereza, dos cualidades que todo mexicano que quiera sobrevivir en Estados Unidos, especialmente si es indocumentado, debe dominar. El dibujo también ilustra el hecho de que la mayor parte de los mexicanos que viven en Nueva York es analfabeta y que sus circunstancias económicas y legales continúan limitando su acceso a la educación.

La versión impresa de Manhatitlán cierra con los cuatro dibujos titulados Milagro en Manhattan. En el primero, un azteca mira a la Estatua de la Libertad. En el segundo, el azteca le baila agitando sus maracas. En el tercero, las sigue agitando con fuerza mientras que empiezan a salir rayos de la estatua. Y en el cuarto, la estatua se ha transformado en la virgen de Guadalupe.

Feggo4

La historieta resume con precisión hechos que describen la mexicanización de Nueva York. 1) La ciudad se ha poblado de mexicanos en un dos por tres: a principios de los ochenta habían seis mil 700 mexicanos y, aunque nadie lo sabe a ciencia cierta, el American Community Survey calcula que hoy hay 502 mil en la zona metropolitana de la ciudad, siendo la minoría que crece a mayor velocidad. Esta llegada masiva está integrada principalmente de indígenas mixtecas. 2) Tal vez por la rapidez de su inmigración o tal vez porque los neoyorquinos se enorgullecen de ser un melting pot, no hay señas de que los mex-neoyorquinos se hayan agringado. Eso sí, aunque Nueva York no es Arizona, por más que los neoyorquinos sigan pensando que su estatua tiene los brazos abiertos a los inmigrantes de todo el planeta, para el mexicano neoyorquino la Estatua de la Libertad poco significa. La posibilidad de ser legal, es decir, de verdad libre, no existe. 3) A través de instituciones jesuitas de México la iglesia católica de Nueva York ha establecido lazos con la comunidad mexicana para llenar ese vacío. A cambio de colocarse como su protectora y adoptado, por lo menos el 12 de diciembre, a la virgen de Guadalupe como su estandarte, se ha autonombrado representante de los mex-neoyorquinos. La desgracia es que lo único que les ofrece es resignación, poner el otro cachete.

Afortunadamente, el humor de Feggo alivia este penoso dolor. Feggo sí es un vocero sincero de la experiencia profunda que ha marcado las vidas de los mex-americanos, que ahora sobrepasan los 31 millones.

Fey Berman
. Crítica de danza, cine y música en Nueva York.