El narcotráfico hace tiempo que dejó de ser una actividad delictiva encapsulada para convertirse en un fenómeno expansivo que permea los tejidos económico, social y cultural. Que abarca desde las ventas de autos hasta los valores y aspiraciones de los jóvenes, pasando por los géneros musicales. Pero como Midas vuelto pesadilla, todo lo que toca el narco erosiona la seguridad, carcome a las instituciones públicas y engulle la convivencia armónica. Este reportaje es una mirada en movimiento de ese animal salvaje y mutante que es el narco.

Dicen que en Sinaloa se mueve mucho dinero. Y es que la abundancia se percibe en sus lujosas residencias, restaurantes, bares, casinos y tiendas departamentales. La riqueza se muestra en cifras con la adquisición de 13 mil autos nuevos cada año, incluidos los BMW, Cadillac, Lincoln, Subaru, Mercedes Benz, Audi, Volvo y Porsche, agencias que se han instalado en la capital del estado en los últimos cinco años. Culiacán es la ciudad del país donde se adquieren más Pick up, en especial las de lujo como Cheyenne, Lobo y más recientemente las Hummer, camionetas tipo militar que cuestan casi un millón de pesos y que transitan por la sierra y las calles calientes de este lugar.

El auge económico pasó ya la factura. Parte del costo social es la violencia, que se intensifica al ritmo de la disputa entre las mafias del narcotráfico por el control de los espacios y rutas de acceso a los mercados de las drogas. Secuestros, torturas, homicidios, drogadicción, delincuencia, amenazas y muertes a periodistas han llegado al punto más álgido en la historia del estado.

Durante los dos últimos meses han sido asesinadas cuatro personas al día, mujeres y niños incluidos. Tal parece que las “reglas de honor” entre narcotraficantes han cambiado y la lucha se vuelve más encarnizada. Los números hablan por sí mismos:

742 personas ejecutadas durante 2007 y 632 de enero a julio de este año.1 Tradicionalmente, las riñas entre bandas tenían lugar en despoblado, pero hoy los ajustes de cuentas se dan en zonas céntricas y sitios concurridos.

Luego de la reunión del gabinete de Seguridad Nacional celebrada en mayo pasado en esta ciudad, se anunció una operación conjunta de lucha contra el narcotráfico. Dos mil 723 elementos federales entre soldados, policías, marinos y elementos de la PGR llegaron “con el objetivo de frenar el incremento de la violencia en la zona”. Pero las acciones produjeron el efecto contrario. En vez de disminuir, los asesinatos aumentaron para convertir los meses de mayo, junio y julio en los más sangrientos de los últimos 15 años, con 120, 133 y 147 ejecuciones, respectivamente.2

El narcotráfico ha hecho florecer el mercado negro de armas y debido a que las ramificaciones de las bandas se extienden e involucran a más sujetos, las acciones delictivas están fuera de control. A estas alturas, algunos sicarios trabajan por cuenta propia. Y asesinar a alguien se ha vuelto fácil y barato. Fácil por la impunidad que reina y barato porque la vida de una persona puede costar cinco mil pesos sin el menor miramiento.

Muchos están dentro del negocio de la droga: campesinos serranos que trabajan en la siembra y cosecha de amapola y marihuana, transportistas, burreros y mulas que llevan el cargamento hasta la frontera norte del país; puchadores que venden la mercancía a domicilio o en las llamadas narcotienditas, sicarios que matan a sueldo, empresarios que levantan millonarios negocios para el lavado de dinero, policías convertidos en guardaespaldas de los capos, y hasta militares de altos mandos que mantienen una estrecha relación con las principales cabezas del narcotráfico.

También la droga canta y danza en la letra y música de la tambora. Los narcocorridos se escuchan en las casas, los autos, el cementerio y ante la capilla de Jesús Malverde, santo protector de los narcotraficantes. Y han servido para construir una identidad simbólica que muchos quieren compartir.

Ahora Sinaloa no sólo produce y exporta droga. También la consume. Los índices de drogadicción se incrementaron hasta situarse por encima de la media nacional por el uso de marihuana, heroína y la sustancia sintética llamada cristal. El estado dejó de ser sólo el puente de paso de la cocaína hacia Estados Unidos. Ahora se oferta aquí y ha desplazado, junto con el cristal, al “producto regional” (marihuana y heroína).

Por otro lado, Sinaloa concentra la más alta tasa de delitos del fuero federal. Durante 2006, el 81% de éstos fueron en materia de narcóticos y portación de armas de uso exclusivo del ejército, convirtiéndola en la segunda entidad federativa en delitos contra la salud y la tercera en homicidio por arma de fuego.3 El procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, admite que “Sinaloa se ha convertido en el principal foco de preocupación para las autoridades federales por ser el estado en el que desde 2007 se ha registrado el mayor índice de violencia en México”.4

También la prensa tiene un pagaré de elevada cifra que saldar. A partir de 2006 despuntaron los ataques a periodistas, que van desde agresiones físicas y verbales hasta muertes o desapariciones. Aquí el periodismo de investigación no existe, porque ahondar en el tema es tocar altos mandos y los reporteros no confían en las autoridades dedicadas a la procuración de justicia.

La violencia que genera el tráfico de drogas ilícitas propicia un ambiente de desconfianza, incertidumbre e intranquilidad en la población. En ese sentido, el Estado no cumple con brindar seguridad. Hasta el momento, los planes del combate al crimen organizado de los gobiernos estatal y federal han sido cíclicos. Inician con firmeza cuando ocurren crímenes que impactan socialmente y se desvanecen en lo que se acallan las voces de sectores sociales, políticos, empresariales e industriales que protestan por la violencia.

Cada año las autoridades de justicia anuncian con bombo y platillo operativos contra el narcotráfico: Plan Piloto de Seguridad Pública Contra la Delincuencia, México Seguro, Sierra Madre, Operativo Culiacán-Navolato. Llegan a la capital sinaloense cientos de elementos policiacos y militares, perros entrenados, helicópteros, avionetas y camiones. Resurge el patrullaje en las calles, los retenes en cruceros estratégicos, el decomiso de droga y los cateos en residencias y narcotienditas.

La respuesta del narcotráfico siempre es la misma. Más violencia. Aparte de las ejecuciones entre grupos rivales, la consigna es actuar en contra de las instituciones de seguridad pública. Exhiben su fuerza en emboscadas, enfrentamientos, mantas con frases intimidantes en lugares públicos y amenazas de bombas. Confirman su poder con la ejecución, en lo que va del año, de 71 policías de todos los niveles, 56 de ellos en los últimos tres meses. El reto, pues, es evidente.

Desde el inicio del operativo nacional contra la inseguridad se han realizado cuatro marchas ciudadanas por la paz por la principal avenida de Culiacán, en donde familiares de víctimas de la violencia, líderes sociales, defensores de derechos humanos, catedráticos y ciudadanos portan mantas y pancartas con leyendas que exigen la salida del gobernador Jesús Aguilar Padilla.

Los cárteles de la droga

Sinaloa es cuna de narcotraficantes como Rafael Caro Quintero, Miguel Ángel Félix Gallardo, Héctor El Güero Palma, Ernesto Don Neto Fonseca Carrillo y Joaquín El Chapo Guzmán. Aquí nacieron también los hermanos Arellano Félix (jefes del Cártel de Tijuana) y Amado Carrillo Fuentes El Señor de los Cielos, todos pioneros de las mafias mexicanas de la droga.

Un informe de la Procuraduría General de la República (PGR) reveló que en México operan siete cárteles de la droga: el de Sinaloa (al mando de Joaquín El Chapo Guzmán e Ismael El Mayo Zambada), el de Tijuana (liderado por los hermanos Arellano Félix), el del Golfo (de Osiel Cárdenas Guillén), el de Ciudad Juárez (a cargo de los hermanos Carrillo Fuentes), el de Los Valencia (en Jalisco, Michoacán y Colima), el grupo de Los Díaz Parada (en Oaxaca) y el de Los Amezcua Contreras (en Michoacán).

Según el informe, estos grupos “enfrentan un proceso de reestructuración, lo que ha generado un enfrentamiento por el control de los territorios. También los ha obligado a formar alianzas para garantizar su permanencia en el tráfico de narcóticos y revestir los embates de sus enemigos que se traducen en una ola de violencia”.

Siembra y transportación

Históricamente, la siembra de enervantes se ha ubicado en el llamado “triángulo dorado”, formado por los estados de Durango, Sinaloa y Chihuahua, sierra accidentada de cañadas profundas y difícil acceso. El sistema agrícola está a la vanguardia: semilla, créditos, fertilizantes, estudios técnicos y equipo para la recolección, empacado y almacenamiento del producto. Éste se distribuye a través de sofisticados equipos de transportación terrestre, aérea y marítima.

Por tierra, los tres mil kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos es una larga zona donde los cargamentos, ante el pesado tráfico vehicular, son más difíciles de identificar que en aeropuertos o aduanas marítimas. La mercancía pasa por la frontera en automóviles con amortiguadores de aire que soportan hasta 400 kilos de droga, o en tráileres de empresas comerciales de comida que son capaces de transportar de cinco a seis toneladas. O hay quienes intentan con algunos gramos de cocaína escondida en la suela de los zapatos, o entre los pañales del niño recién nacido.

A comienzos de los años ochenta empezó la tecnificación y expansión del narcotráfico. Se utilizaron avionetas Cessna y Turbo Commander que, a pesar de ser lentas y con capacidad de carga reducida, permitían aterrizar en pistas clandestinas, cortas y abruptas, trazadas en ranchos, desiertos o en medio de la sierra. Los aviones provenientes de Sudamérica hacen escala en algún estado del sureste mexicano y luego en Sinaloa para llegar a Estados Unidos.

La transportación vía marítima —con más de 600 kilómetros de costa sinaloense— sigue siendo la más eficaz para los contrabandistas de droga. Cuando la pesca de camarón dejó de ser rentable en la entidad, hace 13 años, cientos de pescadores se prestaron a transportar droga en sus lanchas hacia playas desiertas de Baja California. Muchos pescadores ganaron dinero fácil. Y aunque la mayoría fue a prisión, otros aún corren el riesgo. En la ruta del Pacífico, buques cargueros llegan frente a las costas de Mazatlán y, sin tocar puerto, trasladan la cocaína a lanchas rápidas que la llevan a tierra firme.

El auge económico

Para Guillermo Ibarra Escobar, investigador de la Facultad de Estudios Internacionales y Políticas Públicas de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), el narcotráfico tiene igual o más poder económico que los dueños de las grandes firmas sinaloenses que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores.

Lo expone en números: durante 2007, el Producto Interno Bruto (PIB) en Sinaloa representó 17 mil millones de dólares, de los cuales tres mil millones (el 18%) fueron fruto del narcotráfico, cifra equivalente a la generada por las actividades agrícolas, pesqueras, ganaderas y silvícolas juntas. Esta cantidad supera la derrama económica del comercio y la manufactura, y representa casi el doble de las ganancias obtenidas por las exportaciones.

El economista señala la existencia de “una industria de lavado de dinero escandalosa, que no está siendo investigada ni combatida”, y no descarta que “algunos funcionarios bancarios, pequeños y grandes empresarios, uno que otro funcionario público y jefes policiacos, estén involucrados directa o indirectamente en este lavado”.

El catedrático coincide con dirigentes empresariales sinaloenses, en el sentido de que las acciones del combate al narcotráfico desatarán una severa recesión económica que afectará gravemente la economía estatal. Sólo durante el mes de mayo, el comercio sufrió una baja del 15% y el sector restaurantero cayó en un 40%.

Más allá de consideraciones morales y legales, el narcotráfico proporciona ingresos económicos a los pobladores de la sierra. Se explica porque el kilo de goma de opio, pagado en la zona de cultivo, tiene un valor de más de 30 mil pesos, pero en la frontera norte alcanza alrededor de 30 mil dólares. Una hectárea produce ocho kilos de goma.5

En el municipio serrano de Cosalá, alrededor del 60% de los ingresos de la economía proviene de la emigración, y el restante 40% del narcotráfico y de las actividades primarias. Al llegar los periodos de siembra de marihuana y cultivo de amapola, familias enteras se van a trabajar en la labor.6

La narcocultura

La han denominado narcocultura. Y está metida hasta los huesos en los hombres y mujeres jóvenes de significativos y diversos grupos de la población sinaloense. En su ensayo Sinaloa, una sociedad demediada, Ronaldo González Valdés la describe como “una híbrida construcción simbólica de la realidad que consagra a los narcotraficantes como héroes, líderes, jefes ‘deseados’ de un significativo grupo de la población”.

González Valdés explica cómo “los modos del narcotráfico se infiltraron en la vida social a través del lenguaje, las formas de vestir y de mostrarse ante los demás”. Lo atribuye “a un cambio en la percepción de una iconografía familiar, cultural, histórica y cívica que ha dejado a dos o tres generaciones […] en la orfandad cívica y moral”.

La narcocultura ha hecho florecer toda una industria orientada a la satisfacción de nuevos clientes que compran con fines valorativos. Eso explica la proliferación de zonas residenciales, escuelas privadas, servicios médicos y nuevos espacios comerciales y de servicios para el consumo suntuario (agencias de autos, restaurantes, casinos y bares de lujo, tiendas de ropa y clínicas de belleza).

En Culiacán es común ver a jóvenes vestidos con ropa de marca, alhajas y gorras adornadas con piedras de cristal, quemando llanta en lujosos autos a las afueras de las preparatorias y facultades universitarias. Les llaman buchones y pueden llegar con flores, vino, música en vivo y pistola fajada al cinto. Protegidos por sus parientes, se ufanan de su dinero y poder ante la mirada de todos. Otra estampa es la de adolescentes jugando arrancones en autos del año, al filo de la medianoche, por las avenidas largas, delineadas y poco transitadas de la ciudad.

La oportunidad de ganar dinero fácil hace que algunos jóvenes se involucren en el negocio de las drogas, mientras que muchas adolescentes, más que aspirar a un mejor nivel cultural, se sienten orgullosas de tener una relación sentimental con personas involucradas en el narcotráfico.

La narcocultura ha calado fuerte en la mentalidad de muchos adolescentes al grado de que hay una aspiración a pertenecer a los cárteles por el hecho de que les proporcionen un auto de lujo, armas, dinero y droga. Los jóvenes son reclutados para cuidar residencias, llevar pequeños cargamentos hacia Estados Unidos o, en el peor de los casos, como sicarios, para ejecutar a los enemigos de sus patrones. También son alistados como puchadores para vender droga al menudeo.

Los narcocorridos

La gran demanda de drogas y la ventaja estratégica de los cultivos del noroeste mexicano consolidaron de manera definitiva el poder de los traficantes sinaloenses. No es extraño entonces que surgieran composiciones populares para ventilar las odiseas, ética, estética y mitos de los narcotraficantes. Los narcocorridos fueron “el vehículo para dar a conocer a un público más amplio una versión diferente a la oficial, de la historia de los traficantes de drogas”. 7

Los corridos hablan del mundo del narcotráfico “en un lenguaje simple, directo y comprensible por un gran número de gente con escaso capital escolar, habitantes de regiones que producen y transportan droga” y, por consiguiente, más cercanos, por sus vivencias diarias, a las historias descritas en este género musical, pero pronto trascendieron las barreras geográficas, de clase y estéticas.8

El mito de Malverde

En algunos de los corridos de traficantes, el bandido-héroe convive aún con el traficante-héroe y a veces se confunden. Un ejemplo palpable lo tenemos en Culiacán. A escasos metros de la Unidad Administrativa de Gobierno se encuentra la capilla de Jesús Malverde, el bandido generoso convertido en el santo protector de los narcotraficantes.

La historia de esta “ánima milagrosa” se remonta al tiempo de la dictadura porfirista. Según las leyendas populares, Jesús Juárez Mazo fue un bandolero que asaltaba a los ricos y compartía el botín con los pobres. Su fama creció cuando robó en las casas de las familias más prósperas de la ciudad. Fue ahorcado un 3 de mayo de 1909. El cuerpo permaneció colgado por varios días con un aviso de cárcel a quien se atreviera a enterrarlo.

Cuentan que un arriero le pidió ayuda para encontrar unas mulas extraviadas. Y como le cumplió, el hombre bajó el cuerpo y le colocó piedras alrededor y encima (no lo enterró obedeciendo la prohibición). El hecho se difundió y la gente comenzó a visitar la tumba para pedirle favores.

La ciudad creció alrededor de la cruz y los creyentes en Malverde aumentaron. En los años setenta se decidió derrumbar la cruz para darle paso a la modernidad con la construcción de la Unidad Administrativa de Gobierno. Contaba Eligio González León, cuidador de la capilla durante más de 30 años, que “poderosos buldózer limpiaban y emparejaban los terrenos, pero al llegar a la cruz, misteriosamente se descomponían”.

Ante la inminente destrucción de la tumba, una comisión de feligreses de Malverde se reunió con el entonces gobernador Alfonso Calderón, quien dispuso un terreno cercano —a unos 100 metros de la tumba original— para la colocación de otra cruz, que luego se convirtió en capilla. Ahí, el busto de Malverde se aprecia rodeado de flores, veladoras e imágenes de la Virgen de Guadalupe, San Judas Tadeo y la Santa Muerte.

Sobre Malverde se han escrito libros, reportajes, películas y guiones teatrales. Los testimonios de favores concedidos se muestran en fotografías y placas de metal que cubren las paredes de la capilla. El pueblo ha creado un culto a su figura que ha trascendido el ámbito regional y nacional, para llegar a Estados Unidos, Centroamérica y Europa.

“En algún momento de su existencia, que coincide con el repunte y desarrollo acelerado del mercado de las drogas en Estados Unidos, los traficantes más creyentes lo adoptaron como protector espiritual. Un patrono de origen local y popular, como ellos, con más puntos en común desde su perspectiva que los de la iglesia católica”, reseña un estudio de Luis Astorga. Y tan es así que las serenatas, con alegres notas de la tambora, se escuchan casi a diario en la capilla. Malverde es hoy, a pesar de muchos sinaloenses, un icono que identifica a Culiacán. Y más que eso, un mito que cada vez sorprende más a propios y extraños.

El pacto maldito

Según relatan los más viejos, hubo un tiempo en que el negocio de las drogas en Sinaloa fue totalmente legal. Dicen que las amapolas eran plantas de ornato en los jardines de las casas y en los bulevares de Culiacán, y que la siembra comercial de esta planta fue financiada por Estados Unidos.

Según el testimonio del sociólogo Raúl Valenzuela Lugo, 9 el narcotráfico se intensificó a finales de los años treinta y principios de los cuarenta del siglo pasado en la región de Badiraguato. Los pobladores más antiguos de esa zona serrana aseguran que existió un acuerdo secreto suscrito por México y Estados Unidos para la siembra de amapola y la producción de adormidera. Y que los nietos de aquellos campesinos que aprendieron a cultivarla, extraer su látex y producir el opio, de la mano del Pentágono, son hoy los poderosos jefes de los principales cárteles de la droga en el país.

En su libro Tierra Blanca, el escritor Leónidas Alfaro escribe que “en 1939, con la Segunda Guerra Mundial en plena intensidad, Hitler ordenó cerrar las puertas de Marruecos y Turquía, países que producían y abastecían de goma de opio a Estados Unidos. La goma servía para elaborar algunos medicamentos necesarios en los frentes de guerra. Ante esta situación, el gobierno gringo firmó un convenio con el gobierno mexicano para sembrar amapola”.

Valenzuela Lugo encontró que en el ejercicio del narcotráfico intervinieron factores geográficos, económicos, sociales y psicológicos. Por una parte, Badiraguato se eligió por su accidentada topografía y clima apropiado para los cultivos. Por otra, la falta de trabajo hizo que los habitantes del lugar se aventuraran a trabajar en los cultivos. Además, la gente obraba de buena fe, pues creía legal el negocio.

Una cosa es cierta: Sinaloa era ya en los años cuarenta el principal productor de adormidera y el centro del negocio del opio en el país. Desde entonces, Culiacán ha sido bautizada por los propios medios de información como El ombligo del narcotráfico y Un Chicago con gánsteres de huarache, y a Sinaloa como La cuna del narcotráfico mexicano y La pequeña Colombia.

Badiraguato

A 68 años de distancia, Badiraguato aún conserva el fuero. Más todavía, se ha ganado a pulso la fama de ser la cuna de los actuales capos del narcotráfico en México.

En la carretera rumbo a El Sitio, pequeño poblado localizado a 15 kilómetros del municipio, se levantan capillas que son prototipos de pequeñas mansiones de mármol y cantera rosada, coronadas con ángeles, crucifijos y cúpulas de cristal. Jardines con flores rodean estas magníficas edificaciones situadas en medio del árido y agreste terreno de la sierra. Dentro hay confortables sillones de descanso frente el altar, en el que permanece la fotografía del fallecido, en medio de flores, botes de cerveza, botellas de vino, veladoras e imágenes religiosas, incluida la de Jesús Malverde. Estos pequeños castillos familiares guardan los restos de hombres que han hecho historia por su poder y dinero, y son emblema de lo que ha sido el lucrativo negocio de la droga en Sinaloa.

La carretera que une a estas dos poblaciones tiene una particularidad. Fue construida hace 15 años por un hombre originario de los alrededores, con dinero propio, a fin de conducir hasta su rancho con más comodidad. El camino no tiene señalamientos viales porque, según los pobladores, su coterráneo —que dicen era un narco pesado—, no quiso dar facilidades de tránsito a sus perseguidores, en caso de haberlos. Y no había necesidad de aviso alguno cuando él y su gente conocían el trayecto como la palma de su mano.

Complicidad interinstitucional

Casos de complicidad entre gobierno y narcotráfico hay muchos por estas tierras. El último gran caso fue el del comandante Jesús Gutiérrez Rebollo, ex comisionado del desaparecido Instituto Nacional para el Combate a las Drogas, quien protegía al narcotraficante Amado Carrillo Fuentes, apodado El Señor de los Cielos y jefe del Cártel de Juárez.

El ex comandante de la V Región Militar, acusado de realizar operativos antinarcóticos en contra del Cártel de Tijuana y torturar a detenidos, a fin de beneficiar a sus protegidos, fue sentenciado por los delitos de acopio y transportación de armas y abuso de autoridad.

El militar había sido promovido como zar antidrogas de México en diciembre de 1996. Dos meses después, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) anunció que el general había “traicionado” a la institución militar y “atentado contra la seguridad nacional”, al brindar “protección”, durante varios años, a uno de los principales barones de la droga.

En Sinaloa hay evidencias de que militares juegan un papel importante dentro del crimen organizado. En noviembre de 2004, un comando armado de 200 efectivos del ejército, a bordo de ocho helicópteros, aterrizó en el poblado El Vallecito, municipio de Badiraguato. La propiedad se encuentra a 15 minutos del rancho La Tuna, del cual es originario El Chapo Guzmán.

Luego de deslizarse de las aeronaves por cuerdas de una altura de 40 metros, los soldados interrogaron y torturaron a cuatro de los encargados del rancho, catearon el inmueble sin orden judicial, recorrieron los caminos aledaños a bordo de dos camionetas sacadas de la bodega del rancho, para luego hacerlas volar con explosivos.

Sin embargo, el mando militar en México negó haber realizado tal acción. Días después aparecieron en internet fotografías de Joaquín El Chapo Guzmán y sus más cercanos colaboradores, ofreciendo recompensa a quien proporcionara datos de su paradero. Al parecer, las fotos eran recientes y se presume fueron extraídas por los militares del rancho cateado, quienes actuaron “haciendo su trabajo”, pero bajo las órdenes del Cártel de Juárez, liderado por los hermanos Carrillo.

Pero si se presume que grupos militares están al servicio del narcotráfico, los cuerpos policiacos del estado no dejan la menor duda. En septiembre de 2004 asesinaron a ocho personas en el estacionamiento de un cine de Culiacán. Uno de los acribillados era Rodolfo Carrillo Fuentes, apodado El Niño de Oro, uno de los operadores del Cártel de Juárez.

También fue herido uno de sus guardaespaldas, Pedro Pérez López, quien resultó ser comandante de la Policía Ministerial del estado, a quien el entonces gobernador Juan Millán Lizárraga había calificado públicamente como “comandante eficaz”, “buen elemento”, y hombre “exitoso” que logró combatir al crimen organizado.

Minutos después se generó un intenso enfrentamiento entre policías y sicarios, en donde murieron cinco gatilleros. Al día siguiente se encontraron tres cadáveres más de los presuntos asesinos apilados en la caja de una camioneta blindada. Uno de los ejecutados era ex comandante de la Policía Ministerial del estado. Las víctimas estaban atadas de pies y manos, con huellas de tortura y con el tiro de gracia.

La respuesta de los sectores políticos y sociales de Sinaloa fue inmediata. Dirigentes agrícolas y empresariales, partidos políticos, asociaciones civiles y hasta la Iglesia, exigieron al ex gobernador Juan Millán parar la violencia en el estado.

En medio del escándalo renunciaron a sus cargos de director y subdirector de la Policía Ministerial, Jesús Antonio Aguilar Íñiguez y Martiniano Vizcarra Burgos, respectivamente, para “no entorpecer” las pesquisas que la PGR realizaba sobre el caso. Luego de la investigación (incluido el cateo de 18 residencias de Aguilar Íñiguez), la Procuraduría federal confirmó la implicación de los agentes con la organización de los Carrillo Fuentes. Cuando quisieron aprehenderlos ya se habían ido. Imitando la actitud de sus jefes, 60 elementos de la Policía Ministerial renunciaron y huyeron antes de que el agua les llegara al cuello. Hasta la fecha nadie de ellos ha sido capturado. Bien lo aceptó en la década de los noventa el gobierno mexicano: el 80% de la policía del país no es de fiar.

Entrevistado sobre el hecho, el entonces gobernador Millán Lizárraga dijo que “en todo el país está ocurriendo un reacomodo y se están recrudeciendo los enfrentamientos entre narcotraficantes, por lo que sin lugar a duda el crimen de Carrillo Fuentes tendrá sus secuelas”. Y tenía razón. Las venganzas desataron ejecuciones, incluidas las de Miguel Ángel Beltrán Lugo El Ceja Güera y Arturo Guzmán Loera El Pollo (hermano menor de El Chapo Guzmán), en la prisión de máxima seguridad de La Palma.

La Operación Cóndor

La Operación Cóndor fue la mayor campaña antidroga realizada en el país. Se implementó en 1975 con la participación de más de 10 mil soldados del ejército mexicano. Su llegada fue espectacular: mientras desfilaban por la principal avenida de la capital tres batallones del ejército, grupos de paracaidistas descendían en pleno centro de Culiacán.

La Operación Cóndor trajo consigo éxodo masivo de campesinos serranos hacia las ciudades y cientos de casos de tortura y violación de los derechos humanos. Los soldados patrullaban las calles y los helicópteros sobrevolaban la ciudad en forma constante. Aunque centenares de residencias fueron cateadas en colonias como Tierra Blanca y Chapultepec, ningún narcotraficante importante fue detenido. La mayoría de las personas enviadas a prisión eran simples peones.

A raíz de la Operación Cóndor, los líderes del tráfico de drogas se trasladaron a Guadalajara. Más que un castigo por haberlos sacado de su territorio de origen, el cambio de cuartel les implicó mayores beneficios en términos de infraestructura, posibilidades de inversión y de lavado de dinero. A vuelta de 15 años, los narcotraficantes y las drogas estaban de nuevo en las calles de Sinaloa. Los contrabandistas regresaron con la ventaja de haber extendido sus negocios a otras partes del país y al extranjero. Y cada mes, cada semana, cada día, hay aquí más hallazgos de cuerpos encobijados, atados, torturados y con el tiro de gracia.

Legalización

Hay quienes consideran que el disparado consumo de drogas y el incremento de la violencia generada por el narcotráfico se deben no a la falta de interés en combatirla, sino a su ilegalidad.

Uno de los primeros personajes que habló en México sobre la legalización de ciertas drogas y propuso la resolución del problema de la violencia desde esta perspectiva fue el doctor Leopoldo Salazar Viniegra, principal autoridad encargada de asuntos de drogas del gobierno mexicano en los años 1938-1939.

Funcionario del Departamento de Salubridad, el médico realizó investigaciones sobre la marihuana y concluyó que su consumo no producía efectos peores que los del tabaco y mucho menos provocaba actos criminales como los que se le adjudicaban. Propuso crear hospitales subvencionados por el Estado para el tratamiento de los adictos y proporcionarles droga bajo vigilancia y control médico y a precios de costo. Afirmó que esas medidas alejarían a los adictos de las actividades criminales y simultáneamente provocarían el desinterés de los traficantes por un negocio que ya no sería rentable. Las ideas del doctor Salazar no eran del agrado de las autoridades estadunidenses, para quienes los adictos eran primero criminales y luego enfermos.

El entonces titular de la Oficina Federal de Narcóticos de Estados Unidos, Harry Anslinger, refutó las tesis del doctor Salazar y advirtió el peligro que representaba una persona con esas ideas. Fue destituido en 1939, pero en 1940 el gobierno mexicano aprobó un nuevo Reglamento General de Toxicomanías, que incluía sus propuestas. En respuesta, Estados Unidos decretó un embargo de medicamentos narcóticos contra nuestro país, que sería levantado una vez que suspendiera el Reglamento.

Las drogas de uso médico importadas por México de países europeos pasaban de manera obligada por Estados Unidos. México no tenía autorización de la Liga de las Naciones para producir sus propios medicamentos de las plantas que se cultivaban aquí, pues la siembra y comercialización eran ilegales. El gobierno mexicano cedió ante la presión política y comercial, suspendió el Reglamento y abandonó su propia estrategia, innovadora y avanzada para esa época.

A partir de entonces, el tema de la legalización de la marihuana no se volvió a tocar en el país. Pero hoy regresa a la mesa de debates. Ya no es un murmullo sino un discurso activo en muchas partes de México. Varios académicos notables, como el analista de narcotráfico Jorge Chabat, se han pronunciado en favor de la legalización (o cuando menos de la despenalización de su uso).

El ex canciller Jorge Castañeda escribió para su columna en Newsweek: ¿Qué sentido tiene invertir cientos de millones de dólares en la lucha contra las drogas, hundiendo a los países en la guerra civil, fortaleciendo a la guerrilla y desatando la violencia y la corrupción en sociedades enteras, si los líderes de Estados Unidos pueden desprenderse tan a la ligera de cualquier cuestionamiento sobre uso de drogas entre sus juventudes?

Así las cosas, el narcotráfico tiene muchas aristas, que repercuten en la vida económica, política, social y cultural de Sinaloa.

NOTAS:

1 Según fuentes de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Sinaloa y archivos del periódico El Debate.

2 El Debate de Culiacán, Sin., del viernes 1 de agosto de 2008.

3 De acuerdo a estadísticas judiciales en materia penal del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) y datos citados por la Comisión de Seguridad Pública de la LX Legislatura del Senado de la República, durante un dictamen presentado el 11 de diciembre de 2007.

4 Entrevista en el periódico Noroeste publicada el 1 de julio de 2008.

5 Estudio Sinaloa: narcotráfico, violencia y emigración de Arturo Lizárraga Hernández, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, México.

6 Ídem.

7 De acuerdo al libro Los corridos de traficantes de drogas en México y Colombia, de Luis Astorga.

8 Ídem.

9 En su artículo El cultivo del opio en Badiraguato.

 

4 comentarios en “Sinaloa: El caleidoscopio del narcotráfico

  1. Me parece un artículo muy ilustrativo de lo que esta pasando en este mundo de

    Narcotráfico gracias

  2. Es correcta la denominación de narco cultura, porque constituye un fenómeno de múltiples facetas, pero caracterizado sobre todo por la modelación de las conductas de sus adictos, que adoptan estereotipos en formas de vestir, música, pero sobre todo conductas que desean ser vistas como alarde de liberalidad, desafiando toda norma de conducta social, esa es la clásica conducta de los sociópatas. Pero esas conductas patológicas, en la medida en que se convierten en modelos que definen conductas a un nivel social, más allá de lo patológico, y son asumidas por extensos núcleos de población, es porque son modelos de conducta que vienen a ocupar el sitio de modelos sociales que tienen que ser definidos por un proyecto de sociedad. Nuestras clases dirigentes, decía C.R. Mills “La Elite del Poder”- los dueños del dinero, los famosos, los políticos, los líderes de opinión– tienen un compromiso que nadie en México les ha recordado: ser los conductores de esta nave llamada México. Esa clase dirigente-la elite del poder–se han olvidado, o nunca han sabido que a través de la historia las clases dirigentes tienen sobre sus espaldas y sobre su conciencia la responsabilidad de orientar la nave en algún sentido, geográficamente existen los puntos cardinales, pero socialmente el bienestar de la mayoría de la población es la rosa de los vientos que debe guiar sus conductas como clase dirigente, y no como lo hacen en la vida actual, creen que ser clase dirigentes es un privilegio que da privilegios y ningún compromiso, se creen el adorno de esta sociedad mexicana–vean si no las conductas patológicas de todos los juniors, las ladies y los gentlemen que surgen cada día en cada una de nuestras comunidades–. Además de no aportar nada al bienestar y al mejoramiento de nuestra sociedad, además de constituirse en parásitos sociales, no asumen que tienen la tarea de orientar la nave hacia resultados que no son sólo materiales, sino sobre todo en cuanto a la modelación de las conductas que sin un destino cierto y con resultados que se muestren en todo momento, simplemente dejan el espacio social y en el espíritu de nuestros ciudadanos, para que sea ocupado por cualquier clase de conductas antisociales: eso es la cultura del narco.