Milk

Mi nombre es Harvey Milk, soy gay y esta es mi (trascendente) historia. Si la oscareable última película del otrora independiente Gus Van Sant comenzara con esta frase se sentiría bastante orgánica, ni siquiera brincaría. Y es que la carrera de este oriundo de Louisville, Kentuky, e hijo pródigo de Portland, Oregon, no deja de moverse entre lo excelente (Paranoid Park, Gerry, Drugstore Cowboy) y lo francamente mediocre, no por mal hecho, pues está más que probado su lírico estilo cinematográfico, sino por sus demasiado obvias y complacientes intenciones (Finding Forrester, Psycho, y ahora Milk).

Harvey (Sean Penn) es un no tan joven empleado que se liga al amor de su vida, Scott Smith (James Franco), en el metro; luego se convierte en un pequeño comerciante que se establece en la calle Castro en San Francisco, donde pronto le hacen sentir que no es bienvenido. Entonces Harvey toma coraje y decide hacer algo al respecto, comenzando de a poco un movimiento en pro de la causa gay, hasta llegar a convertirse, después de muchos intentos fallidos, en el primer candidato electo abiertamente homosexual (como se ha estado vendiendo la película) a un puesto político de importancia en Estados Unidos (en el Comité de Supervisores de la ciudad). Claro, en el camino pierde a Scott, se relaciona con un amante latino problemático, Jack Lira (Diego Luna), y hace y deshace amistades a la vez que relaciones políticas, como con el ex policía y colega supervisor Dan White (Josh Brolin). Por supuesto, Harvey terminará sacrificado. Vaya, tanta originalidad asombra.

El guión de Dustin Lance Black, de tan previsible, aburre. Tampoco ayuda la poco incisiva narración (salvo por algunos momentos en que aparece el ya mencionado lirismo). Ni siquiera son aprovechados los disturbios que provocaron los juicios alrededor de la tragedia. Claro que tiene su valor presentar la historia real del activista Milk, sobre todo en el escenario ultraconservador religioso estadunidense, y hasta ponerla de ejemplo. ¿Pero tiene que ser de esta forma tan idealizada y esquemática?

Gus Van Sant no tiene problema en conjuntar un equipo de primera: Harris Savides en la fotografía, Danny Elfman en la música… Sean Penn es gay de pies a cabeza en su interpretación, Josh Brolin está increíble como siempre, James Franco cada vez es mejor actor (como en su divertidísima participación en Pinapple Express). Todos hacen lo que pueden, que de hecho es mucho, y gracias a ellos la película no es un bodrio como tal. Pero viniendo de quien viene, uno no puede más que lamentar tal desperdicio de talento. Claro, ganará premios por aquí y por allá, ¿pero eso la podría legitimar? Para muchos, tal vez, como la anquilosada Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood (quienes groseramente ignoraron a la extraordinaria Sólo un sueño) y sus seguidores en el mundo entero, pero para quien busca en el cine un medio de expresión artística para ideas profundas o sorprendentes, lo dudo mucho.

Esto no significa que Milk no tenga sus oportunidades, como cuando la violencia aparece hacia el final, como si la película no fuera esta que vemos, sino su anterior, Elephant (Palma de Oro en Cannes 2003). De nuevo Van Sant con sus largos steadyshots, aunque se extraña al gran Matías Mesa operando la cámara (en este caso es Will Arnot), como lo hace en Gerry, la misma Elephant y Last Days. Sin embargo, para entonces ya es demasiado tarde, es el minuto ciento quince.

Un aspecto anecdótico (esa extraña fascinación del gran público) es que, según algunas entrevistas, el guión era bastante más tibio acerca de las relaciones homosexuales. Pero Sean Penn, conocido liberal, propuso todo el tiempo ir más allá. Por eso el filme está lleno de besitos, desnudos y cogidas, para el deleite de una buena parte de su potencial target.

En fin, que Milk no es otra cosa más que Hollywood puro, en su vertiente más de fórmula. Una biopic de tema controversial (para las abuelas) realizado con una eficiencia que se pasa de solemne. Ni modo, hay que aceptarlo, a Gus Van Sant de repente se le sale lo señor(a).

Fernando del Razo. Guionista y productor. Ha trabajado en varios largometrajes (Familia Tortuga, Ópera).