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01/04/2009
Todos los pájaros de un tiro
Claudio López-Guerra ( Ver todos sus artículos )

De un tiro

A veces nada es mejor que algo. ¿Aplica esta máxima a la participación electoral? Mejor no votar, piensan algunos, que apoyar a una de esas organizaciones criminales que se hacen pasar por partidos políticos. Votar por la menos repugnante de las opciones ya se ha vuelto intolerable para muchos. ¿Pero podría ser mejor abstenerse o anular el voto en señal de protesta? Como una acción individual aislada, no. Como parte de un proceso de acción colectiva, sí. Un boicot ciudadano bien orquestado, en condiciones que realmente lo ameriten, sería estupendo.

Para aclarar la naturaleza del boicot ciudadano y apreciar sus posibles virtudes debemos contrastarlo con el tipo de boicot electoral más común. Me refiero al que llevan a cabo los partidos de oposición en países que todavía no son completamente democráticos. En estos casos la oposición se retira de la contienda y moviliza a la ciudadanía con el fin de presionar para una mayor apertura política, como ocurrió en Venezuela en 2005. Los boicots de oposición son un fenómeno mucho más común de lo que parece. El estudio más completo (no hay muchos) identifica un total de 66 a nivel nacional entre 1990 y 2002 en todo el mundo.1

¿Promueven los boicots de oposición la causa de la democracia? No está del todo claro. El citado estudio sugiere que, en efecto, los boicots tienden a facilitar las reformas democráticas a largo plazo. Un ejemplo es el de 1983 en Jamaica. Pero también hay evidencia que apunta a lo contrario. Algunos estudios regionales han demostrado que un boicot puede obstaculizar la democratización. El boicot de 1992 en Ghana aparentemente polarizó a las fuerzas políticas, postergando la eventual celebración de elecciones limpias y competitivas.2 Puesto que la medida implica ceder todo el poder al partido gobernante, por lo menos de manera temporal, el riesgo es considerable.

El boicot ciudadano sería distinto; contra los partidos, no de los partidos. Una huelga de votos para asentar nuestro hartazgo. Con suerte y algunos políticos reaccionan. Aunque no fuera así, se enviaría un mensaje: aquí hay votos para gente honesta y capaz. Por si no está claro: aquí no hay votos para quienes hayan sido sorprendidos empuñando los fajos de billetes, así que absténganse, por piedad, de formar un nuevo partido político. Por si no está claro: Bejarano, por favor, ¡no lo hagas! Con suerte y algunos que aún no son políticos, pero podrían ser buenos, reaccionan. Y aunque no fuera así, se trataría de un ejercicio cívico energizante. En última instancia, poco o nada se habría perdido.

Sería un despropósito tratar de protestar mediante la abstención o, mejor aún, la anulación del voto si no existe algún tipo de coordinación explícita entre los electores. La decisión bien podría ser inteligible para cada uno, pero no como protesta pública (un pleonasmo). Sería invisible, igual que llevar la playera de un equipo por debajo de la ropa o adherir una estampa a la cajuela del coche por dentro. Incluso si el número de votos nulos llegara a ser mayor que en otras contiendas, el hecho no tendría significado. Bien podría indicar una proliferación de electores ineptos. Es necesario un movimiento ciudadano previo para que una diferencia en las estadísticas pueda leerse como un acto de protesta.

A principios del siglo pasado muchos socialistas consideraban a los votos como piedras de papel. Las elecciones, pensaban, son un mecanismo para transformar a la sociedad, una forma de revolución pacífica. Desde esta perspectiva, votar por un partido equivale a lanzar piedras contra los demás, piedras con efectos pero sin sangre. El boicot ciudadano elevaría al sufragio, así entendido, a su máxima potencia: nos permitiría lapidar a todos los partidos, sin excepción. Al menos simbólicamente. Todos los pájaros de un tiro. Pero me parece muy poco probable que algo así suceda pronto en México. Este año electoral sólo podremos elegir entre la alternativa menos detestable y lanzar una piedra al vacío, “protestando” en soledad, sin que nadie nos escuche.

 


1Emily Ann Beaulieu, Protesting the Contest: Election Boycotts Around the World, 1990-2002, tesis doctoral, Universidad de California, San Diego, 2006.
2Staffan I. Lindberg,Why Do Opposition Boycott Elections?”, en Andreas Schedler (ed.), Electoral Authoritarianism, Boulder, Lynne Rienner, 2006

 

 
Claudio López-Guerra. Profesor-investigador del CIDE.

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Comentarios sobre este artículo
3 comentario(s)  
Alfredo Loredo | 05/06/2009 08:22:04
COMPLETANDO EL ARTÃCULO
El principio que funda una democracia se traduce en la legitimidad de un gobierno electo por la voluntad expresada en el voto de las mayorías, es decir la mitad mas uno del total de los electores registrados.

Para las elecciones 2009 existen 77 millones 481 mil 874 electores en lista nominal del IFE, de los cuales un solo partido necesita recaudar 38 millones 740 mil 938 sufragios para alcanzar la buscada legitimidad democrática, de lo contrario habrá ilegitimidad y una autoridad que es ilegítima, no es autoridad; este debe ser el criterio del Tribunal Electoral al momento de resolver sobre la validés de las elecciones 2009.

Jamas en la vida supuestamente democrática de México se han reunido por un solo partido la mitad mas uno del total de los votos electorales, si se reunirán, lo cual demuestra la ineficacia de dicho sistema; lo mas recomendable es buscar un sistema más altamente democrático como la DEMARQUÍA, que elude la necesidad de votos mayoritarios y de partidos políticos.

Por favor visitar el sitio: http://constituyentecivil-mexico2010.blogspot.com

Le estoy invitando para que participe como LEGISLADOR CIUDADANO.

Con base en el artículo 39 constitucional el pueblo tiene capacidad de legislar, por esto estamos editando el anteproyecto para la nueva constitución federal y haciendo preparativospara la Asamblea del Pueblo Constituyente 2010.

Usted puede editar su plataforma para la nueva constitución en su propio blog, cuya dirección luego será montada en la página de la Asamblea.

Mayores datos en el correo. constituyentecivil.mexico2010@gmail.com

Saludos. Alfredo Loredo
 
Omar Alejandre | 26/05/2009 16:55:21
¿Vale la pena anular el voto?
Tomando en cuenta que el Cofipe reformado no castiga financieramente a los partidos en el caso de que aumente ya sea la abstención o la cantidad de votos nulos (a ellos se les asigna presupuesto porcentualmente sin contar los votos nulos y sin que importe si votan 100 personas o un millón) y siguiendo el hecho que plantea este texto de que no existe un movimiento ciudadano poderoso a nivel nacional que esté promoviendo una acción ciudadana a realizar en las boletas electorales, creo que la mejor estrategia para luchar en contra de esta partidocracia sería con partidocracia misma. Con esto quiero decir que quizá la mejor opción sería votar por candidatos cuyo record polìtico esté limpio sin importar su partido (que muy seguramente sean especímenes difíciles de encontrar) o bien por el partido que en determinado distrito, municipio o entidad esté más cercano de derrotar al partido actualmente en el poder. Esta estrategia tal vez activaría a largo plazo el mejoramiento en el ejercicio del poder público (sobre todo si existe algún tipo de reelección). Estoy conciente de que esta salida implica un mayor nivel de información de los ciudadanos, pero eso sin duda elevaría la calidad de nuestra democracia.
 
Ricardo Lozano | 02/04/2009 13:54:50
Anulemos los votos
Yo soy de la idea de mentárselas en la boleta, romperla en pedazos o mínimo anularla.
 
 
 
 
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