Martes, 29 de Noviembre de 2016
Desde hace dos siglos las reglas del funcionamiento de la Casa Blanca han apostado por delimitar claramente qué gastos debe pagar la familia presidencial durante su estancia en dicha residencia. En México este tema aún se asienta en el terreno de la opacidad.
Sin considerar la calidad de las interrogantes, el común denominador de las respuestas gubernamentales ha sido o la inexistencia de la información —es decir, que ninguna de las áreas que integran la presidencia de la República tiene registrado un gasto al respecto— o bien la reserva de ésta por motivos de seguridad nacional.
Esta estampa contrasta con la que se tiene en Estados Unidos que está sujeta a diferentes regulaciones sobre gastos personales, viajes y actividades oficiales y un largo etcétera.






