Thomas Mann,
Consideraciones de un apolítico,
Capitán Swing Libros,
Madrid, 2011,
567 pp.
¿Habrase publicado recientemente libro en español más difícil de leer y más enojoso que este ensayo —genial en varios sentidos— de Thomas Mann, que versa sobre su idea de la esencia de Alemania que estaría al margen de la civilización occidental, entendida ésta como los ideales templados en la Revolución francesa? Difícil y enojoso porque, en el fondo, lo que el gran novelista de La montaña mágica argumenta es que los alemanes son mejores que ninguna otra cultura por esencia y no por rango, y que los demás —léase la cultura occidental afincada en la Entente, o sea, los afrancesados que no son otra cosa que los que enarbolan los ideales libertarios de los ingleses asumidos y digeridos por Francia, según el autor— vendrían a ser una suerte de pifia civilizante que le arma guerras a Alemania porque no la comprenden, o no convienen con su visión del mundo.
Thomas Mann ya había publicado al menos tres de sus libros capitales (Los Bruddenbrock, Tony Kröger y la obra de teatro menos difundida Firenze) cuando estalla la Primera Guerra Mundial y el escritor suspende sus proyectos narrativos para emprender unos apuntes misceláneos pero orgánicos que lo demorarán varios años y que, a la larga, conformarán estas Consideraciones de un apolítico que ahora están disponibles en español y que, según Gabriela Massuh, “Thomas Mann nunca se desdijo realmente del contenido de este escrito que suscitó no pocas polémicas entre sus seguidores y enemigos. De hecho tenía preparado un lugar central para justificar ese ensayo en la edición de sus obras completas de 1955”.
El autor redefine el término “apolítico” en virtud de que “político” es una palabra que le parece pobre y tendenciosa ya que apela a una modalidad de entendimiento europeo que no le corresponde a Alemania, pues la política europea proviene de la herencia romana, misma a la que nunca se redujo la “barbarie” teutona, siempre protestataria, no sólo por Lutero. Alemán es el espíritu y la esencia, y político es el resto de Occidente. Ahí estarían, según Mann, Schopenhauer, Nietzche y Wagner; el musculoso Sigfrido y el santo Parsifal.
Pese a lo chocante que puede resultar la lectura de este apretado libro prenazi —el “burgués” alemán sería, según el autor, descendiente y heredero de los brahmanes—, la genialidad de Mann se deja sentir a cada momento. Consideraciones de un apolítico es también el vaciado de la poética del autor, el porqué escribió tal o cual libro de su producción netamente artística y los lineamientos espirituales que lo movieron. Aquí, el trasfondo musical característico de la obra manniana se vivifica y aclara que sus novelas aspiran a la composición musical alemana, que sería la cumbre de la experiencia humana salvada —o mejor, como la opción— de las veleidades de la política y de lo político.
Más allá de las claves que Thomas Mann ofrece en este libro para descifrar y profundizar en su visión del mundo, ¿cómo afectaría a un lector que no desciende de los brahmanes y, a cambio, hereda la tradición romana en forma de catolicismo? Como contraste, en primera instancia; como un resumen del devenir filosófico de Occidente, con sus vicios y repulsas, sus proclividades intolerantes. Alemania, siempre protestataria —como la describió Dostoievski citado por el autor en este ensayo—, sería una suerte de isla continental incomprendida que detenta la espiritualidad verdadera del hemisferio y para demostrarlo Mann analiza de paso —frunciendo el ceño— la obra de filósofos y pensadores no alemanes.
Simpaticemos o no con las ideas de Thomas Mann en este ensayo que podría haber quedado en mero panfleto de no brindar vicariamente una suma del pensamiento occidental aprovechable y nutricia pese a su concepción reivindicativa, Consideraciones de un apolítico también prefigura un género literario difícil de catalogar merced a su estimulante complejidad —pues transita por ahí en capítulos paranarrativos un personaje que el autor llama “literato de civilización”— que han cultivado algunos grandes posteriores. Pienso en Claudio Magris, por ejemplo.
Un estudio luminoso y arduo —y chocante para un no alemán— acerca del Espíritu, Consideraciones de un apolítico contribuye a pensar si el Espíritu es universal y no sólo dominio germánico. ¿Habría un Espíritu latino o sólo una universalidad que cohesiona la latinidad?
Noé Cárdenas. Escritor, editor y crítico literario. Dirigió el suplemento Sábado de unomásuno.